Copérnico y la Campana de Huesca

De pequeño me gustaban los libros de historia de mis hermanos mayores: estaban llenos de personajes como Guzmán el Bueno, los Reyes Católicos o el General Moscardó, y contaban historias como la batalla de Las Navas de Tolosa o la Campana de Huesca

La campana de Huesca por Casado del Alisal

Cuando me tocó a mí estudiar historia en el colegio ya estábamos en la Transición y los libros habían cambiado. Hablaban del comercio y los recursos naturales, de factores económicos, sociológicos, geográficos… Seguía habiendo reyes y batallas, pero muchas menos, y toda aquella historia de héroes y villanos había desaparecido. Desde entonces, esa ha sido la norma. En todas las materias se ha buscado la objetividad y se ha excluido (al menos en teoría) la propaganda.

Pero los amantes de esa vieja historia esquemática, reconfortante pero falsa, todavía tienen un refugio: los libros de ciencias.

Puede parecer que exagero, pero lo cierto es que quien busque aprender historia en libros como el renombrado Cosmos de Carl Sagan lo que se encontrará son cuentos de buenos y malos como los de Guzmán el Bueno y la Campana de Huesca. Aunque no hay que culpabilizar en exceso a Sagan. Se limitaba a seguir una tradición de “historia whig” que viene del siglo XIX, y que pese a haber sido completamente abandonada por los historiadores profesionales, sigue en pleno vigor en los libros de divulgación: a éstos aún no les ha llegado la Transición.

Quizá el ejemplo más notable es el de la Revolución Copernicana. Me ha gustado encontrarme en el Physics Today (la revista oficial del American Institute of Physics) un artículo de 2007, escrito por el profesor Mano Singham que trata precisamente de esto. Empieza resumiendo la versión popular de la historia:

1. Los antiguos griegos eran grandes filósofos y cartografiaron bien los movimientos de las estrellas y los planetas, pero crearon modelos del universo más influidos por consideraciones filosóficas, estéticas y religiosas que por la observación y la experimentación. La idea de que la Tierra era el centro inmóvil del universo, y que las estrellas y los planetas estaban incrustados en esferas que giraban alrededor de la Tierra, les gustaba porque el círculo y la esfera son las formas geométricas más perfectas.

2. En la era cristiana, el modelo también complació la gente religiosa porque le dio un lugar de honor a los seres humanos, que eran la creación especial de Dios. El prestigio de los filósofos griegos como Aristóteles era tan grande, y el compromiso con la doctrina religiosa tan fuerte, que muchos estudiosos tercamente trataron de mantener la astronomía ptolemaica, aunque hubiera que añadir epiciclos cada vez más complicados para que el sistema funcionara medianamente bien.

3. Por eso, cuando Copérnico llegó con el sistema heliocéntrico correcta, la Iglesia Católica se opuso ferozmente a sus ideas, ya que desplazaban a la Tierra del centro. Esto se veía como un descenso de categoría para los seres humanos, además de ser contrario a las enseñanzas de Aristóteles. Por lo tanto la Inquisición persiguió, torturó e incluso mató a aquellos que defendían las ideas de Copérnico. Debido a la adhesión de la iglesia al dogma filosófico y religioso, el progreso científico se retrasó un milenio.

4. Fue finalmente el trabajo de Tycho Brahe (1546-1601), Johannes Kepler (1571-1630), Galileo Galilei (1564-1642), e Isaac Newton (1642-1727), que finalmente condujo a la aceptación del heliocentrismo.

Pues bien, se pregunta el autor: ¿Qué parte de la historia es cierta? El último punto y poco más, nos dice. En realidad, la versión que todo el mundo conoce de la historia de Copérnico, repetida miles de veces en los libros del colegio, se parece muy poco a la historia real. Es más bien una pieza de cultura popular, un ejemplo de cómo el folclore puede sustituir a la historia real.

Quizá va siendo ya hora de que también en los libros de ciencias eliminemos el folclore y contemos una historia más real. Más complicada quizá, pero mucho más interesante.

Lector: ¿De eso trata “De Tales a Newton”?

Autor: De eso y de más cosas…

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  1. Juan Meléndez

    Buena observación, Daniel. Esa es ciertamente una de las razones para que se cuente la historia como se cuenta. En el caso de la ciencia, lo que suele pasar es que además no hay interés en saber cómo ocurrieron las cosas. La historia se usa, si acaso, en forma de anécdotas, como un “condimento” para entretener un rato. Lo que se busca es explicar la teoría actual cuanto más rápido mejor (¡hay que acabar el temario!), y para eso parece que lo más eficaz es no liarse en los laberintos de la historia…

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