La esquina de Senén

Cuando yo era pequeño, en Ávila, mi padre compraba el periódico en Teto. Lo recuerdo como un local atiborrado de prensa de toda clase, pequeño y oscuro, pero situado en la mejor esquina de la ciudad, en la Plaza de Santa Teresa (“El Grande”, para los indígenas). Era, creo, el único quiosco del centro. Así que Teto era sinónimo del periódico, pero también de las revistas, los fascículos o los cromos, y en esa esquina nos arremolinábamos los niños para cambiarlos.

Con el tiempo, el local pequeño y oscuro se transfiguró en una librería luminosa y abierta, donde los cromos y el Marca convivían con Cortázar y Vila Matas, y hasta Frank McCourt firmó libros. El milagro lo obró Senén Pérez, que heredó el negocio de su tío y resultó ser un librero vocacional, uno de esos que ponía en los estantes los libros que a él le gustaban y conseguía que les gustaran a sus clientes. Tras su muerte prematura, otro Senén, su hijo, sigue llenando los escaparates con los libros de editoriales pequeñas y exquisitas, como Acantilado, Siruela… o Ellago.

la foto Senen

Quizá esto sólo me interesa a mí, pero comprenderán que me haga ilusión ver mi libro en la esquina en la que cambiaba los cromos…

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