¿Eppur si muove?

Lector: Así que en este libro habla usted de Galileo…

Autor: ¡Claro! Es uno de los personajes más importantes para la historia de la ciencia; en cierto sentido, el más importante de todos… tanto que le dedico dos capítulos.

L.: Entonces contará aquello de “y sin embargo se mueve”. “Eppur si muove”, creo que fue lo que dijo.

A.: Bueno, así se dice en italiano, pero Galileo no lo dijo.

L.: ¿Cómo que no? Precisamente hace poco lo vi en un documental. Pero vamos, lo he oído contar en muchos sitios, y hasta lo he leído en algún libro.

A.: Ya, yo también, pero lo que cuentan esos documentales y esos libros es un mito.

L.: ¿En serio? Pero a mí me parecían libros serios ¿por qué se iban a inventar la historia?

A.: That’s the question… Para empezar, los autores de esos libros no se han inventado la historia. Lo que han hecho es copiarla de otros autores sin cuestionar si era verdad. Esos autores a su vez la copiaron de otros, y así sucesivamente. Funciona un poco como las leyendas urbanas, o como los memes de internet: para que tengan éxito lo de menos es que sean ciertos, lo que hace falta es que sean buenas historias. Que Galileo murmurase entre dientes “eppur si muove” mientras lo sacaban del tribunal de la Inquisición es una buena escena, queda muy cinematográfico. Pero si lo piensa uno, es muy poco creíble: no estaba el horno para bollos en ese momento…

L.: También es verdad… pero entonces, alguien tuvo que inventarse la escena, ¿no?

A.: Claro. No se sabe cual es el origen de la frase; hay quien se la atribuye a un tal Giuseppe Baretti, en un libro que se publicó en 1757, más de cien años después de los acontecimientos. Lo que es seguro es que no aparece en las primeras biografías de Galileo ni en los testimonios de quienes le conocieron personalmente.

L.: Pues es una pena que sea falsa porque es una historia bonita.

A.: ¡Claro, esa es la razón por la que se cuenta una y otra vez! Como dicen los italianos, “se non è vero, e bene trovato”.

L.: Hombre sí, pero cuando leo un libro de ciencia quiero que me cuente la verdad, no historias bonitas.

A.: Entonces tendrá que tener cuidado con los libros sobre Galileo, porque muchos están llenos de leyendas. Por ejemplo, ¿recuerda eso de que se subió a lo alto de la Torre de Pisa para dejar caer esferas de distintos materiales?

L.: ¡Claro! Y así demostró que todos los objetos caen con la misma velocidad, independientemente de su peso. ¿No me diga que esto también es falso?

A.: La conclusión es cierta: la velocidad de caída no depende del material ni del peso del objeto. Pero no lo demostró así; es más, no hay ninguna prueba de que se subiera a la Torre de Pisa para hacer ese experimento. Lo que sí está documentado es que lo hicieron otros… ¡y sacaron la conclusión contraria: que los objetos ligeros caen más despacio!

L.: Hombre, es verdad que algo más despacio sí caen, pero eso es por el rozamiento del aire.

A.: Esa es la explicación actual, pero entonces ese concepto de rozamiento no lo tenían nada claro. El caso es que lo que estrictamente dice el experimento es que la velocidad de caída depende un poco de lo ligero o pesado que sea el objeto. Si dejamos caer a la vez, como a veces se cuenta, dos esferas, una de madera y otra de hierro, la de hierro choca con el suelo un poquito antes.  Para llegar a la conclusión de Galileo no basta simplemente con el experimento, hace falta algo más.

L.: Ya lo veo, pero ¿qué más tenemos, aparte del experimento? Me ha entrado la curiosidad, nunca me habían contado esto así.

A.: Bueno, esto es una pregunta clave, porque nos mete de cabeza en el método científico tal como lo conocemos hoy; que es, en buena medida, un descubrimiento de Galileo… su mayor descubrimiento, en realidad. Suele decirse que en la ciencia todo sale de los experimentos, pero eso es una verdad a medias: ya vimos que el experimento de la Torre de Pisa (que no hizo Galileo pero otros sí hicieron) sólo dice que los cuerpos ligeros caen un poquito más despacio que los pesados. Un  experimento aislado no es ciencia: hay que saber plantearlo y hay que saber interpretarlo. Y para plantearlo bien e interpretarlo bien hace falta una teoría.

L.: ¿O sea, que Galileo, antes de hacer los experimentos, tenía una teoría?

A.: Exactamente, y hacía los experimentos para poner a prueba esa teoría.

L.: ¿Pero de dónde había sacado la teoría si no había hecho experimentos?

A.: Pues… es una historia interesante, bastante más interesante que los mitos que tanto circulan sobre Galileo. Pero aquí ya no me da tiempo a contarla…

L.: Ya sé. Me va a decir que “de eso trata De Tales a Newton”.

A.: Justo: todo el capítulo 7. De eso y de más cosas…

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