Siete mitos sobre Galileo que casi todo el mundo cree

Es muy probable que usted sepa estas cosas sobre Galileo:

1. Galileo subió a la Torre de Pisa para dejar caer dos objetos, demostrando que llegaban al suelo a la vez con independencia de su peso.

2. Galileo inventó el telescopio.

3. La Inquisición torturó y encarceló a Galileo por defender que la Tierra se mueve.

4. Cuando salió del juicio, Galileo murmuró: “Y sin embargo se mueve” (Eppur si muove)

5. Galileo había demostrado que la Tierra se movía.

6. El sistema astronómico que defendía Galileo era el sistema correcto que todos aceptamos hoy como cierto.

7. Galileo fue el primer científico que formuló correctamente el principio de inercia.

Pues bien: nada de esto es verdad. En realidad…

1. Galileo no se molestó en hacer ese experimento porque ya sabía lo que iba a salir. Sin embargo, un profesor de la universidad de Pisa, contemporáneo suyo, sí que hizo el experimento, y concluyó que los cuerpos pesados caen más deprisa que los ligeros.

2. No se sabe a ciencia cierta quién inventó el telescopio (hay candidatos alemanes, holandeses y hasta españoles), pero con seguridad no fue Galileo. Lo que sí es cierto es que, sin haberlo visto, consiguió construirse uno cuando oyó hablar del nuevo anteojo, y lo utilizó mejor que nadie.

3. La Inquisición juzgó a Galileo en 1633, pero ni le torturó ni le encarceló: fue condenado a reclusión domiciliaria. Se le juzgó por haber presuntamente desobedecido un decreto de 1616 que le prohibía sostener que el movimiento de la Tierra era algo real (aunque no enseñarlo como hipótesis de trabajo).

4. A Galileo le quedaban pocas ganas de buscarse más problemas después del juicio. Esa frase es una leyenda inventada probablemente por el escritor Giuseppe Baretti más de cien años después.

5. Galileo creía haber encontrado una prueba concluyente del movimiento de la tierra con su teoría de las mareas. Resultó las mareas no se deben al que la Tierra se mueva sino al efecto gravitatorio de la Luna, como ya sospechaban otros científicos y demostró brillantemente Newton. El trabajo de Galileo, tanto en física como en astronomía, había hecho muy verosímil el heliocentrismo, pero no lo había demostrado. El primer efecto físico observado debido al movimiento de la Tierra fue la aberración estelar encontrada por Bradley en 1725. Más tarde, Bessel mediría la paralaje de una estrella en 1838, y Foucault construiría su famoso péndulo en 1851.

6. Galileo no era un experto en astronomía (como sí lo eran Copérnico y Kepler), y siempre consideró las órbitas de los planetas como circulares. Incluso cuando Kepler le mandó su obra demostrando que las órbitas eran elípticas, la ignoró.

7. Galileo afirmó, efectivamente, que un objeto no sometido a fuerzas se movería indefinidamente. Pero para él, ese movimiento no sería en línea recta, sino en un plano horizontal, o lo que es lo mismo, manteniéndose a distancia constante del centro de la Tierra, y moviéndose por tanto en círculos. Esta inercia circular hacía que no tuviera que buscar explicación para el movimiento de los planetas: su postura en este punto era en la práctica la misma que Aristóteles.

En realidad, las inexactitudes y mitos sobre Galileo van más allá de unos cuantos puntos concretos. Toda su figura está distorsionada de manera peculiar en la imaginación popular, una distorsión que tiene mucho que ver con otra aún mayor: la distorsión con la que se percibe la ciencia.

Seguiremos hablando de esto…

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  1. Sergio7F1

    Muy buena esta pequeña entrada que corrige algunos de los mitos de en este caso Galileo, pero que a dia de hoy, cada vez abundan mas en todo y en todas las disciplinas porque se acepta lo que se escucha sin ningun tipo de espiritu critico en la mayoria de ocasiones y sin preguntar ¿Por qué?, y si lo preguntas, pecas de osado o necio. Pero para entender completamente las cosas es necesario entender el orgien de las mismas.

  2. Teilhard

    “Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzo Galileo de Florencia, a los setenta años de mi edad, constituido personalmente en juicio y arrodillado ante vos, eminentísimos y reverendísimos cardenales, Inquisidores generales en toda la República Cristiana contra la herética maldad; teniendo ante mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre he creído, creo ahora y con la ayuda de Dios, creeré en el futuro todo aquello que sostiene, predica y enseña la Santa Católica y Apostólica Iglesia. Pero como por este Santo Oficio, luego de haberme sido jurídicamente intimado con precepto del mismo que debía abandonar totalmente la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no sostuviera, defendiera ni enseñara de ninguna manera, ni de viva voz ni por escrito, dicha falsa doctrina, y tras haberme notificado que dicha doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, he escrito y dado a la estampa un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y aporto razones con mucha eficacia en favor de ella, sin aportar ninguna solución, he sido juzgado como vehemente sospechoso de herejía, es decir, de haber sostenido y creído que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve.

    Por tanto, queriendo yo quitar de la mente de Vuestras Eminencias y de todo fiel cristiano esa vehemente sospecha, justamente concebida sobre mí, con corazón sincero y fe no fingida abjuro y maldigo y detesto dichos errores y herejías, y en general cualquier otro error, herejía o secta contra la Santa Iglesia; y juro que en el futuro no diré nunca más ni afirmaré de viva voz o por escrito cosas tales por las cuales se puede tener de mí semejante sospecha; y si conociera algún hereje o sospechoso de herejía lo denunciaré a este Santo Oficio, o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre

    Yo, Galileo Galilei, antedicho, he abjurado, jurado, prometido y me he obligado como queda dicho; y en fe de la verdad, con mi propia mano he firmado la presente cédula de abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de la Minerva, este día 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado como queda dicho, de mi propia mano.”

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