La verdadera historia de Galileo y la Torre de Pisa (II)

Lector: En el post anterior me quedé con las ganas de conocer la verdadera historia del experimento de la Torre de Pisa… Si no es verdad que Galileo hiciera un experimento decisivo dejando caer dos bolas que llegaron al suelo a la vez, ¿de dónde ha salido esa leyenda? Ya hablamos de las leyendas urbanas, pero alguien tuvo que poner en circulación ésta, ¿no?

Autor: Sabemos que  la historia se remonta a una biografía de Galileo que escribió Vincenzo Viviani. Era un discípulo suyo, pero se ha demostrado que sus escritos sobre el maestro están llenos de, por decirlo suavemente, inexactitudes. Como los historiadores no se fían de él, han rastreado por los papeles originales de Galileo referencias a este asunto y no han encontrado nada.

L.: Pero eso tampoco demuestra que no se hiciera el experimento.

A.: Efectivamente: no hay que confundir la inexistencia de pruebas con la prueba de la inexistencia, como  algún lógico dijo… Pero es inverosímil que no se conserve ninguna referencia contemporánea, ni siquiera de alumnos o colegas, a una experiencia supuestamente tan decisiva (a menudo se cuenta la historia como si Galileo hubiera derivado la ley de la caída libre a partir de esos presuntos experimentos). Y pocos personajes históricos han sido investigados tan exhaustivamente como Galileo.

L.: ¿Entonces hay unanimidad entre los historiadores serios?

A.: Para decir toda la verdad, hay uno, Stillman Drake, que sí cree que la historia pudo ocurrir, aunque también él niega que fuera un experimento decisivo o que tuviera influencia en las ideas de Galileo. Lo que dice es que pudo ser una demostración para sus alumnos, y, como no la dio mayor importancia, no la dejó registrada en ningún sitio. En cualquier caso, la postura de Drake es muy minoritaria entre los historiadores: la mayoría creen que no hubo ni siquiera tal demostración.

L.: Veo que el tema se ha estudiado mucho… es curioso no se cuente nada de esto en los libros.

A.: Bueno, no se cuenta en la mayoría de los libros de divulgación, pero sí se cuenta en todos los libros serios de historia de la ciencia… y en uno que además es muy ameno, y…

L.: No me diga el título que me lo imagino 🙂 Pero no se haga publicidad, hombre. Yo lo que quería era preguntarle una duda que me ha surgido. Me parece muy extraño que  si esta cuestión de la caída libre era tan importante para el aristotelismo como se cuenta, nadie hubiera hecho antes el experimento de dejar caer dos cuerpos desde una torre y ver qué pasa, ¿no?

A.: Es que sí se había hecho antes de Galileo, y repetidas veces. Está bien documentado que ya en el siglo VI d. de C. lo hizo Juan Filopón de Alejandría, y dejó escrito que “si se dejan caer dos cuerpos, uno pesado y otro ligero, la diferencia de sus tiempos de caída es mucho menor que la diferencia de sus pesos”. Por su parte, Simon Stevin, un científico e ingeniero flamenco algo mayor que Galileo, dejó caer varios pesos desde lo alto de una torre, a cuyo pie había colocado una plancha metálica. Encontró que al soltar simultáneamente dos bolas, una diez veces más pesada que la otra, desde 30 pies de altura, el intervalo de tiempo entre los dos impactos era casi inapreciable. Stevin señaló incluso que este resultado era incompatible con la teoría de Aristóteles, pero no tenía una explicación alternativa.

Así que Galileo no tenía necesidad de hacer el experimento, porque sabía de sobra lo que iba a salir. Más tarde, un científico jesuita, Giovanni Battista Riccioli, volvió a hacer en 1644 el experimento desde una torre de Bolonia… Vamos, que era un clásico. Pero lo más curioso de todo es que el experimento se realizó incluso desde la Torre inclinada de Pisa, y en vida de Galileo, en 1612.

L.: ¿Pero no quedamos en que no se hizo?

A.: Es que no fue Galileo quién lo hizo. Por entonces ya no trabajaba en la universidad de Pisa (se había trasladado a Florencia). Lo hizo un profesor llamado Giorgio Coresio. Y, sorprendentemente, según su análisis los resultados respaldaban a Aristóteles, pues los cuerpos pesados llegaban en realidad un poco antes al suelo.

L.: ¡Pues sí que fue “decisivo” el experimento…! ¿Cómo es posible que se hubiera hecho tantas veces y siguieran creyendo a Aristóteles? Y ese Coresio, ¿cómo podía sacar esa conclusión?

A.: Pues esa es una buena pregunta: para mí es aquí precisamente donde el tema se pone interesante. Porque cuando se cuenta la historia del (presunto) experimento de la Torre de Pisa siempre se saca la moraleja de que la ciencia se basa en los experimentos, y que un único experimento decisivo puede echar por tierra una teoría que tenía casi dos mil años de antigüedad. Pero dado que esa historia es falsa, deberíamos tener más cuidado con las moralejas… Y la historia verdadera nos lleva, en todo caso, a la moraleja contraria: que un experimento se puede interpretar de maneras opuestas. Para Coresio, el resultado respaldaba a Aristóteles, mientras que para Galileo, lo desmentía. En realidad, un experimento por sí solo no sirve de nada: es una pieza en el engranaje del método científico, un instrumento que sólo funciona si se sabe utilizar. Y para poder utilizarlo tiene que estar enmarcado en una teoría… pero esto nos llevaría muy lejos, y hoy ya no tenemos tiempo.

L.: Vaya, hombre… pues yo también pensaba que esto se estaba poniendo interesante.

A.: Que conste que lo cuento en el libro…

L.: Y dale con la publicidad 🙂

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