Mirando al cielo desde Ávila (V): Un salto al cosmos de Aristóteles

He querido explicar con detalle como los griegos fueron capaces de averiguar cosas asombrosas, cosas tan sorprendentes como que la Tierra es redonda, sólo con observar atentamente las estrellas, el Sol y la Luna, sin necesidad de usar ningún instrumento pero con paciencia e inteligencia. Averiguaron muchas más cosas que no nos da tiempo a contar una noche: midieron el tamaño de la Tierra, calcularon la distancia al Sol y a la Luna y su tamaño, estudiaron los planetas y explicaron sus complicados movimientos, en los que no hemos podido entrar aquí.

En el siglo IV a.C., uno de los más grandes sabios que ha tenido la humanidad sintetizó todo el conocimiento que habían acumulado los griegos sobre el universo en un modelo que se mantuvo en vigor durante casi dos mil años. El sabio era Aristóteles y su modelo es lo que hoy llamamos el Cosmos de Aristóteles. Es el universo en el que el hombre vivió durante toda la Edad Media, el que describe Dante en la Divina Comedia, y el que todavía se estudiaba en el año 1539 en libros como la Cosmographia de Petrus Apianus, de donde está extraído este dibujo:

El Cosmos de Aristóteles según Petrus Apianus

Este dibujo es el icono de este blog, y podríamos pasarnos varios posts explicándolo. Quizá lo hagamos algún día, pero hoy sólo vamos a dar un resumen muy rápido:

  • El universo es circular, y en el centro está la Tierra, con sus cuatro elementos, ordenados desde el centro hacia fuera: tierra, agua, aire y fuego.
  • Por encima, a alturas cada vez mayores, están las esferas de la Luna y los demás planetas, hasta llegar al firmamento, la esfera de las estrellas fijas (“firmes”). Más allá está el motor inmóvil, que pone en movimiento a todo.
  • Fuera ya no hay espacio ni tiempo. En la Edad Media, se colocó ahí al Cielo en el sentido teológico, no astronómico: lo que se llamaba el cielo empíreo, la residencia de Dios y de todos los elegidos.

Este era un universo muy distinto del nuestro; menos correcto científicamente pero en cierto sentido mucho más hermoso. Así lo ha explicado C.S. Lewis:

Mirar hacia arriba en el soberbio universo medieval es como mirar un gran edificio. El “espacio” de la astronomía moderna puede inspirar asombro o terror o vago ensueño; las esferas de los antiguos nos presentan un objeto en el que la mente puede descansar, abrumador por sus dimensiones, pero satisfactorio por su armonía. (…) El terror de Pascal ante le silence éternel de ces espaces infinis nunca le pasó por la cabeza [a Dante]. El medieval es como un hombre al que conducen a través de una catedral inmensa, no como alguien perdido en un mar sin costas.

En esta breve entrada hemos dado un salto lógico: no hemos explicado todo el proceso que llevó del Universo de las dos esferas al Cosmos de Aristóteles. No tenemos tiempo en esta serie de posts, que quería ser breve (y ya no lo es). Pero nos queda un cabo suelto, y con ello vamos a acabar la serie. Será la próxima entrada.

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