Mirando al cielo desde Ávila (y VI): Epílogo: La ambrosía de Ptolomeo

Nos quedaba un cabo suelto, decíamos. Se trata de lo siguiente: hemos dicho que a partir de las observaciones astronómicas los griegos fueron capaces de demostrar que la Tierra se curva en dirección N-S, pero no que se curvara en dirección E-W, de modo que podría ser un cilindro en lugar de una esfera; a pesar de todo, se inclinaron por la esfera por razones estéticas (es verdad que se dieron otros argumentos: que la sombra en los eclipses es siempre curva, por ejemplo; pero las razones no eran concluyentes).

Sin embargo, como buenos científicos, los griegos siguieron buscando una confirmación de que la Tierra se curva también en dirección E-W. Finalmente lo consiguieron, y una vez más, la prueba la proporcionaron el Sol y las estrellas.

Cómo se demostró al fin que la Tierra es una esfera

Sabemos que salen por el este y se ponen por el oeste. Si la Tierra se curva en esa dirección, el horizonte en un país oriental (por ejemplo en Persia) estará inclinado hacia el Sol naciente, y allí amanecerá antes que en un país occidental (por ejemplo, en Cartago). Es decir, habrá una diferencia horaria, esa a la que estamos tan acostumbrados en España cuando oímos decir por la radio: “son las 8, una hora menos en Canarias”.

Parece muy fácil comprobarlo: cuando sea mediodía en Persia, llamamos a un amigo que esté en Cartago, y le preguntamos que hora es allí. Si nos dice que también es mediodía, la Tierra es un cilindro; si nos dice que es por la mañana, es que es una esfera. Es fascinante que con un experimento tan sencillo podamos decidir la forma de la Tierra… sólo que en la Antigüedad era mucho menos sencillo porque no había teléfonos.

Pero esto no significa que fuera imposible. No hace falta una llamada: bastaría cualquier acontecimiento que ocurriera simultáneamente en Persia y en Cartago para averiguar si hay diferencia horaria o no. ¿Puede haber un acontecimiento que se vea a la vez desde ambos lugares? Una vez más tenemos que pensar, pero esta es la última pregunta de la noche.

Para que se vea desde Persia y Cartago, no puede ser algo que ocurra en la Tierra. Tiene que ser algo que ocurra en el cielo, pero los cielos parece que se mueven con una regularidad inmutable. Es verdad que los astros salen y se ponen, pero eso es precisamente lo que dudamos que sea simultáneo. Y sin embargo, hay un acontecimiento que de tarde en tarde rompe esa regularidad, un acontecimiento que precisamente por eso, se ha visto tradicionalmente como algo siniestro, algo que va contra el orden natural. ¿Ha caído ya el lector en qué puede ser?

Estamos hablando de los eclipses. Cuando la Luna entra en el cono de sombra de la Tierra, desaparece en la oscuridad, y vuelve a aparecer al cabo de un rato. El fenómeno se ve desde toda la cara nocturna de la Tierra, y precisamente por considerarse algo terrorífico, se solía recordar a qué hora se produjo. Así el astrónomo Ptolomeo nos cuenta que diez días antes de la famosa batalla de Arbela, en la que Darío III fue derrotado por Alejandro Magno (el 1 de octubre del 331 a.C.) hubo un eclipse de Luna. El eclipse desmoralizó grandemente a las tropas persas y fue decisivo para que Alejandro ganara un imperio. Pero lo que le interesa a Ptolomeo es un detalle: que ese eclipse, que se produjo a la quinta hora de la noche en Persia, se produjo a la segunda hora en Cartago.

Para Ptolomeo, ese detalle tenía más valor que todo el imperio persa: era la demostración de que la Tierra era redonda.

Sé que soy mortal –escribió Ptolomeo-, y que he nacido para durar un día, pero cuando sigo la compacta multitud de las estrellas en su curso circular, mis pies no tocan ya la Tierra y asciendo hasta el mismo Zeus para regalarme con ambrosía, el alimento de los dioses[1].

Espero que esta serie de posts les haya llevado a los labios al menos una gota de esa ambrosía.

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[1]Daniel Boorstin, Los Descrubridores, Ed, Crítica, 1986, pg 32.

*

Postdata: Salir por la noche a mirar el cielo no siempre es cómodo, y se puede pasar mucho frío incluso en julio (no digo esto por casualidad 🙂 ). Para poder ver el movimiento del cielo desde casa, recomiendo un planetario virtual muy sencillo y precisamente por eso muy útil: Sky View Cafe. En este post lo cuento y enlazo al canal de Youtube del blog, donde hay varios vídeos explicando como usarlo.

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