La visión del Dr. Frank Oppenheimer

Frank Oppenheimer

Las grandes ideas (y la de “prohibido no tocar” lo es) no surgen por generación espontánea. El exploratorio del que hablamos en el post anterior es la creación de toda la vida de un ilustre desconocido: Frank Oppenheimer. Si, “Frank”, no “Julius Robert”: estamos hablando del hermano pequeño del célebre padre de la bomba atómica.

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Julius Robert Oppenheimer

Frank, nacido en 1912, estudió física como su hermano y trabajó en el proyecto Manhattan a sus órdenes. Pero después de la guerra salió a relucir que había estado afiliado al Partido Comunista en los años 1937-1939, y en la época de la “caza de brujas” eso suponía la muerte civil. Tuvo que abandonar su plaza de profesor en la Universidad, le retiraron el pasaporte; y, vetado para cualquier trabajo que tuviera que ver con la física, acabó por establecerse como ganadero con su mujer en un pueblo de Colorado.

Diez años después (en 1957) se le permitió trabajar dando clase en el instituto de enseñanza media del pueblo. Resultó ser un profesor extraordinario, y cuando, al cabo de otros dos años, pudo volver a la investigación física en la Universidad de Colorado, encontró que su auténtica pasión era la docencia. Consiguió una beca de la National Science Foundation para reunir una “Biblioteca de experimentos” que sirvieran para enseñar  física básica en primaria y secundaria; trabajó con el Physical Science Study Committee (el célebre PSSC que reformó los programas de física en la enseñanza media tras el shock del Sputnik), y en los años 60 recorrió minuciosamente los museos científicos de toda Europa.

Frank Oppenheimer había concebido la idea de un museo interactivo, que tuviera como núcleo su “biblioteca de experimentos”. A su vuelta a Estados Unidos, consiguió poner en marcha un museo de un tipo nunca visto: el Exploratorium de San Francisco, que abrió sus puertas en 1969. Simplemente abrió sus puertas: no hubo inauguración, no acudieron autoridades. A diferencia de nuestros museos de la Ciencia, apenas se invirtió dinero público, y las instalaciones no ocupaban ningún edificio emblemático. Nada más entrar, el público se encontraba con el taller en el que muchas exhibiciones estaban todavía en construcción.

Oppenheimer fue el alma del Exploratorium hasta su muerte, en 1985. Implicado en cada detalle, en cada nueva exposición, consiguió que su museo se convirtiera en una referencia mundial. Hoy es visitado por más de un millón de personas al año, tiene una de las mejores webs de divulgación científica, alberga un centro de formación de profesores… Y sobre todo, su concepto ha sido copiado una y otra vez: se calcula que hay unos 400 centros en 43 países construidos sobre su plantilla.

El Exploratorium de San Francisco

Es el concepto que yo me encontré por primera vez hace cosa de 20 años en el Museo de la Ciencia de Barcelona (hoy CosmoCaixa), que fue dirigido muchos años por Jorge Wagensberg. Y es el concepto que inspira la sección que se llama así, Exploratorio, en el Museo de las Ciencias de Valencia.  Lo que para mí, quizá por mi deformación profesional de físico, me parece que debería ser el núcleo del museo.

Lo veremos en el próximo post.

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