El mirador y la forma de la Tierra

Hay lugares desde los que se divisa un panorama privilegiado, miradores que atraen a los turistas y que incluso se señalan en los mapas con un símbolo propio. Aquí tienen, por ejemplo, el mapa Michelin de los alrededores de Granada:

Mapa de Sierra Nevada (sacado de http://www.viamichelin.es/)

Mapa de Sierra Nevada (sacado de http://www.viamichelin.es/)

Ahí están esas rayitas azules que salen del Pico Veleta, y también de un punto unos km antes en la carretera. A veces lo que hace que la vista sea especial es el paisaje del entorno, pero más a menudo es la lejanía de los horizontes lo que nos atrae. Así, leemos en la Wikipedia sobre el mirador del Veleta que “la vastísima panorámica que ofrece es realmente impresionante (…) Si las condiciones meteorológicas acompañan puede contemplarse gran parte de la provincia de Jaén y sus sierras Mágina, Cazorla y hasta Sierra Morena (…) e incluso el Peñón de Gibraltar” Estos miradores tienen siempre una cosa en común: son lugares altos (el Pico Veleta está a 3395 m sobre el nivel del mar). Una obviedad, pensará el lector: ¡Pues claro que vemos más lejos si nos subimos más alto! No tan deprisa. ¿Realmente es obvio que desde más alto tenemos que ver más lejos? Durante casi toda la historia de la humanidad se ha pensado que la Tierra es plana: eso sí que es evidente. Y sin embargo, en una Tierra plana ¡se vería igual de lejos desde el balcón de un primer piso que desde lo alto del Pico Veleta! En realidad, “si las condiciones meteorológicas acompañan”, claro, como bien dice la Wikipedia… ¡se vería hasta el fin de la Tierra!

En una Tierra plana, nuestro campo de visión llega hasta el borde de la Tierra, independientemente de nuestra altura.

En una Tierra plana, nuestro campo de visión llega hasta el borde de la Tierra, independientemente de nuestra altura.

Se dice a menudo que una prueba de la esfericidad de la Tierra es que cuando un barco se aleja en el mar, desaparece primero el casco, luego el mástil, y al final la bandera, según se va hundiendo en el horizonte. Es cierto, pero en lo que no se suele caer es en que la cosa es más sencilla: la misma existencia del horizonte (es decir, de una línea en la que se acaba nuestro campo visual) es una demostración de que la superficie de la Tierra se curva. Y el hecho de que ese horizonte esté a la misma distancia en todas direcciones (siempre que el suelo sea plano, como pasa en al mar), demuestra que la curvatura es la misma en todas direcciones: vivimos en una esfera. Recuérdenlo cada vez que vean esas rayitas azules en los mapas de Michelin…

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  1. pacocastano

    Hola Juan,
    Qué interesante artículo. Me resulta curioso lo que comentas al final sobre que el mero hecho de existir el horizonte y estar a la misma altura se mire desde donde se mire es en sí una prueba de que la Tierra no es plana, sino esférica.
    ¿Nadie en su momento llegó a entenderlo así? ¿Qué explicación le daban a este fenómeno?

    Buen principio de semana

  2. JuanMS

    Paco, perdona el retraso (¡ahora ya estamos a media semana 🙂 !)… Pues por lo que sé, la relevancia del horizonte para probar que la Tierra es redonda se empezó a apreciar muy tarde, cuando ya los griegos estaban convencidos por otros razonamientos (desde el siglo IV a.C. nadie tenía ninguna duda). En el libro (pg. 86) cuento que parece que fue Estrabón, en el siglo I a.C., quien mencionó por primera vez que el hecho de que al alejarse un barco lo primero que desaparezca sea el casco demuestra que la Tierra es redonda.

    Lo que cuento aquí es que la cosa es más básica todavía porque si la Tierra fuera plana, ese barco se haría cada vez más pequeño pero nunca desaparecería (sólo cuando se cayera por el borde de la Tierra…). Es decir, que la esfericidad de la Tierra pone un límite geométrico al campo de visión, cosa que no existiría con la Tierra plana. Supongo que el problema es que en la práctica siempre hay algo de neblina, el poder de resolución del ojo es limitado, los objetos desparecen tras las montañas…etc, así que estamos acostumbrados a dejar de distinguir las cosas mucho antes de que se alcance ese límite geométrico y no pensamos en él.

    Sólo cuando en días claros al borde del mar vemos desaparecer un barco en el horizonte nos damos cuenta de que existe, y entonces lo llamativo es que el casco desaparece primero. Creo que este es un buen ejemplo de que podemos tener cosas obvias delante de las narices pero no apreciar lo que significan hasta que una teoría nos dice en qué debemos fijarnos.

    Un abrazo…

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