Categoría: Actualidad

Jonathan Haidt y el sesgo de confirmación

Hoy aparece en El Mundo una entrevista con Jonathan Haidt, un prestigioso psicólogo social norteamericano. Merece la pena leerla entera (es sorprendentemente buena) pero en relación a lo que estamos estudiando en el curso Ciencia para pensar mejor hay una respuesta que quiero copiar aquí:

El auge del populismo en las democracias occidentales es el resultado de dos factores: la globalización y las redes sociales. Internet y Google fueron dos grandes regalos para el llamado confirmation bias o sesgo de confirmación. La pura reafirmación de nuestros prejuicios. Eso ocurrió a finales de los años 90. Luego llegaron Facebook y el iPhone, que extendió masivamente el uso de las redes sociales.

Desde 2012, cientos de millones de personas están conectadas a través de dispositivos que favorecen la comunicación pero también la más ácida polarización. Las redes se han convertido en una de las más poderosas fuerzas de centrifugación social. En ellas conviven, por decirlo de alguna manera, auténticos guetos morales en los que la verdad es estrictamente irrelevante. Las creencias más exóticas se propagan como el fuego. Y cualquiera que las cuestione es sometido a un linchamiento, como mínimo, virtual.

Así, el procedimiento que nos convierte en seres racionales e inteligentes -una persona hace una afirmación; otra la refuta; llegamos a una conclusión- se está viendo sustituido por el grito de la tribu. Esto es una pésima noticia para la inteligencia colectiva, claro. Y también un peligro para la democracia.

Más sobre el peligro del sesgo de confirmación en las redes sociales en este vídeo corto (recomiendo poner los subtítulos):

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Chicos bailarines y turbas violentas

Las semanas pasadas hemos hablado en el curso Ciencia para pensar mejor sobre las ilusiones cognitivas (como los efectos halo y ancla, el sesgo de representatividad o el de disponibilidad). Todos estos son efectos que ocurren a nivel individual y que contribuyen a que a menudo nos comportemos de una manera que no es precisamente racional. Sin embargo, somos animales sociales, y lo que ocurre en nuestro entorno nos influye mucho, así que es de esperar que la dimensión colectiva de nuestro comportamiento también tenga componentes irracionales… y así es. De hecho, estos efectos colectivos son aún más dramáticos que los individuales.

Hay un vídeo bastante conocido en el que vemos cómo un niño que se pone a bailar, al principio solo, termina por arrastrar a una multitud:

En el audio se presenta esto como un ejemplo de cómo funciona el liderazgo, y se resalta lo importante que es conseguir un primer seguidor.

Es una manera de verlo en positivo… pero a mí me parece más apropiada una interpretación más siniestra. Lo que estamos viendo tiene justamente el mismo mecanismo de un linchamiento: la masa puede ponerse a bailar, sí, pero igualmente puede ponerse a tirar piedras a un esclavo negro o a asaltar el Parlament. La dinámica la estudió un célebre sociólogo, M. Granovetter (al menos, debería ser célebre en España, ya que lo cita la tesis doctoral más leída de la historia: la de Pedro Sánchez… aunque con un ligero error 😉 )

Supongamos que una multitud rodea el Parlamento. ¿Qué es lo que determina que la manifestación se mantenga pacífica o degenere en un tumulto violento?  Granovetter señala algo de sentido común: que cada individuo se anime a pasar a la violencia está condicionado por lo que hacen los demás. La mayoría no están dispuestos a lanzar la primera piedra, pero si otros lo han hecho, es mucho más sencillo animarse a hacerlo. Y cuantos más lo estén haciendo, más sencillo resulta unirse a ellos. De hecho, es razonable postular que para cada individuo i hay un umbral N(i), de manera que si el número de personas tirando piedras en la multitud es mayor o igual que N(i), el individuo i se va a poner a tirar piedras también. Este umbral es una medida de lo indignado que está el individuo i: cuando más bajo sea el umbral, mayor es su enfado, y necesita menos para pasar a la violencia. Todo esto es muy razonable, pero lleva a efectos sumamente irracionales, porque el comportamiento de la masa depende de manera muy poco intuitiva de la distribución de los umbrales N(i). Supongamos que hay 100 manifestantes, y que en todos el umbral es 1; es decir, todos están enfadadísimos, de manera que basta que vean a una sola persona ponerse a apedrear el Parlamento para unirse. A pesar de eso, la manifestación no degenerará en violencia porque nadie tirará la primera piedra: quien tira la primera piedra tiene que tener, por definición, un umbral de 0. Bastaría, sin embargo, que uno estuviera un poco más indignado y tuviera el umbral de 0 para desatar el caos: todos se pondrían inmediatamente a apedrear el Parlamento. Una pequeña diferencia puede tener efectos dramáticos.

Peor aún. Supongamos dos multitudes distintas, siempre de 100 personas. La primera es la que vimos antes: todos tienen un umbral de 1. La segunda tiene una indignación media mucho menor: sus valores de N(i) son 99, 98… y así sucesivamente hasta …3,2,1,0. La primera, como hemos visto se congregaría ante el Parlamento sin que llegara a estallar la violencia. En el segundo caso, sin embargo, tenemos un individuo con N=0, que se va a poner a tirar piedras aunque nadie le respalde. Pero también otro con N=1, que al ver al primero, va a pasar a la acción, y otro con N=2, que al ver a estos dos se va a unir a ellos. Y así sucesivamente: la transición a la violencia se va a propagar como un reguero de pólvora, y en poco tiempo tendremos a una turba enfervorecida y una lluvia de adoquines sobre la sede de la soberanía popular… y sin embargo, la indignación era mucho menor que en el primer caso.  Por otra parte, hubiera bastado que nadie tuviera N=1 (es decir, que la distribución de umbrales acabara en …3,2,2,0) para que el primer energúmeno violento se quedara sólo y se cortara la intifada.

En definitiva: a diferencia de los individuos, que sonirracionales pero relativamente previsibles (predeciblemente irracionales, como dice Dan Ariely) en las multitudes diferencias mínimas pueden dar lugar a comportamientos radicalmente diferentes. Para bien, quizá (y todo el mundo se pone a bailar muy contento), pero, me temo que más frecuentemente, para mal.

*

Una recomendación: una página excelente para aprender jugando sobre el comportamiento de las multitudes (y cómo este depende enormemente de las redes de relaciones entre los individuos) es ésta. Muy recomendable.

Malas noticias

No, no voy a hablar del cambio climático o de la guerra de Siria. Me refiero a noticias que son malas en otro sentido: engañosas, chapuceras, ineptas… El tipo de noticias que el blog Malaprensa (que realiza un impagable servicio público) viene analizando desde hace años.

Una de las razones que me motivó a crear el Curso de Humanidades “Ciencia para pensar mejor”, que acaba de comenzar su tercera edición, es encontrarme una y otra vez con este tipo de malas noticias. Lejos de remitir, la chapuza parece extenderse cada vez más, no ya en los dominios sin ley de twitter, sino muy a menudo en la prensa supuestamente seria. Por eso es más necesario que nunca estar en guardia y tener las herramientas intelectuales para no picar en el anzuelo. Ese es uno de los objetivos del curso.

Un ejemplo, de hace cuatro días. Leo en la página de portada de El Mundo este titular:

ElMundo1.PNG

¡Qué barbaridad! Pero ¿qué nos encontramos en el cuerpo de la noticia? Ahora el titular es distinto:

ElMundo1b

Y he aquí unos párrafos seleccionados:

ElMundo2

Así que lo que ha ocurrido realmente es que una web (que no hay manera de encontrar con los datos del artículo) ha recabado testimonios sobre el acoso en arqueología, y el 50% de las participantes voluntarias dicen haber sufrido acoso. ¿Es una muestra representativa? Yo diría que no… Y si la muestra no es representativa, la encuesta no sirve para nada.

¿Cuál es el problema? Que si hacemos un titular ajustado a la verdad nadie va a picar (quiero decir, a hacer click). En realidad, no hay noticia: podríamos hablar, quizá, de una no-noticia, que es uno de los géneros de las malas noticias.

Pero una vez lanzada la no-noticia, da mucho juego: además de los clicks en la web de El Mundo (que se traducen en dinero de publicidad), está el sinfín de comentarios al final de la página, con los que los lectores se desahogan lanzándose improperios, la tormenta que se desata en twitter, la opinión de algún tertuliano en la TV…. etc: ruido, que es de lo que se trata.

Esto es un ejemplo, escogido casi al azar. Seguro que ustedes pueden encontrar muchos más. Es un buen ejercicio para empezar a entender nuestro ecosistema informativo.

La EvAU en el mundo real: el desenlace

¿Qué fue de Diego, el alumno que conocimos en el post anterior queriendo entrar en Medicina? Hoy ya conocemos el desenlace. De todos los mundos posibles considerados por la estadística, el que se materializó fue este:

AjusteNotasCorte2018

Esta gráfica es la misma que vimos en el post anterior, con la única diferencia de que aparece un punto más, el de la nota de corte de 2018. Y está justo sobre la recta, es decir, que nuestra extrapolación se ha cumplido casi con toda exactitud: Diego ha podido matricularse en Medicina, en la Universidad de Alcalá.

Ahora podríamos decir triunfantes: ¡así funciona la ciencia! Pero no sería honrado. Las extrapolaciones lineales no siempre aciertan, y en este punto conviene ver cómo ha sido la evolución de las otras universidades de Madrid:

EvolucionNotasCorte2018

A la vista de la gráfica, tenemos que abandonar el triunfalismo, y nos vemos incluso tentados a pasar al extremo opuesto: parece que, en realidad, la única universidad en la que la extrapolación lineal ha acertado es la de Alcalá… Pero una vez más, no sería una buena conclusión. Decir que la extrapolación “ha acertado” es una simplificación, un titular periodístico que traiciona su esencia, que es estadística. El valor que nos proporciona la recta de ajuste en 2018 sólo es el valor más probable de acuerdo con nuestro modelo lineal. Pero no siempre el valor más probable es el que ocurre (ya vimos en el post anterior que había una distribución en torno a ese valor, y que podíamos trazar unos márgenes que acotaban su probabilidad) y no siempre las cosas son lineales.

La suposición de una variación lineal es la más sencilla, y por eso es razonable cuando los datos no nos sugieren lo contrario, como ocurría aquí. Pero incluso con estos datos había alguna razón para sospechar posibles desviaciones de la linealidad, al menos en dos casos.

Un caso es el de la Universidad Autónoma: dado que la nota máxima posible es 14 y ya el año pasado su nota de corte se estaba aproximando a ese valor, era previsible que el crecimiento se ralentizara, tal como ha ocurrido. Y otro es el de la Universidad Rey Juan Carlos… por motivos bien diferentes, que están en la mente de todos: por mucho que los recientes escándalos no hayan afectado a la facultad de Medicina, era previsible cierto efecto de contagio.

La EvAU, la nota de corte y los mundos posibles

Estos días, miles de alumnos que hace poco conocieron la nota de la EvAU (antes llamada Selectividad) se enfrentan a una decisión que va a marcar su futuro: elegir carrera.

La cuestión no es aprobar (lo consiguen más del 90% de los presentados) sino sacar una nota suficientemente alta para ser admitido, algo que sólo resulta difícil en unas cuantas titulaciones, las más demandadas.

Así que si un estudiante madrileño (llamémosle Diego) quiere ser ingeniero de caminos, puede respirar tranquilo porque la nota de corte en la Politécnica de Madrid es un 5. Sin embargo, si su sueño es ser médico, el panorama es muy distinto: en la Autónoma necesitará un astronómico 13,11 (recordemos que la máxima nota posible es un 14) y en la Universidad de Alcalá, la que tiene nota de corte más baja en la Comunidad de Madrid, un 12,747, que no es precisamente fácil de alcanzar. Pero nuestro Diego es un excelente estudiante y ha sacado un 12,854. ¿Puede respirar tranquilo entonces?

No está tan claro. La nota de corte que ha encontrado en la web es la del último alumno que se matriculó el año pasado, en 2017, y lo que importa es la nota del 2018. No la puede saber, claro, pero puede preverla basándose en la evolución de los últimos años. Con un rato de googleo encuentra estos datos:

2012: 12,229       2013: 12,396       2014: 12,422       2015: 12,543       2016: 12,575       2017: 12,747

Malas noticias: la nota del corte está subiendo como la espuma; en cinco años, un poco más de 5 décimas. Si sube a una décima por año, se pondría en 12,877 en el 2018 y ¡se quedaría sin entrar!

Pero no hay que alarmarse todavía. Podemos hacer una predicción mejor, si sabemos cómo procesar mejor estos datos… como lo haría por ejemplo un físico. A Diego no se lo han enseñado en el bachillerato, así que vamos a hacer el trabajo por él.

Lo primero es recabar más datos. No cuesta mucho tener los de todas las universidades madrileñas, y lo mejor es ponerlos en un gráfico:

EvolucionNotasCorte

Se confirma que la tendencia ascendente es universal, y muy acentuada: hace sólo 2 años, en 2016, Diego habría entrado en cualquier universidad de Madrid; en 2017, sólo en la Rey Juan Carlos y la de Alcalá. En 2018… es lo que hay que ver.

En lugar de mirar al pasado, tenemos que mirar al futuro y extrapolar. Centrémonos en el caso más favorable, el de Alcalá. En lugar de unir los puntos como antes, vamos a dibujar una línea de tendencia (hay una manera matemáticamente rigurosa de hacerlo, que se llama regresión lineal, pero sale casi igual de bien a ojo, con una regla). Voilá:

AjusteNotasCorte

Esta es una gráfica más profesional… y más tranquilizadora: vemos que la extrapolación de la nota de corte en medicina en la universidad de Alcalá para el 2018 queda por debajo de la nota de Diego. Es fácil ver por qué antes teníamos una predicción distinta: fijarnos en el incremento total de la nota de corte en estos años es cómo trazar una línea sólo con los puntos primero y último, que tiene más pendiente que la recta de ajuste correcta.

Ahora bien, ¿cómo de tranquilos podemos estar? Sería arriesgado decir con estos datos que Diego va a entrar: en realidad, lo que nos dice nuestra gráfica es que es lo más probable es que entre. ¿Podríamos cuantificar esta probabilidad?

Pues sí: pensando en la tranquilidad de Diego (y de sus padres), hace tiempo que los matemáticos dieron con una forma de hacerlo… que además se basa en algo que Diego sí ha estudiado: la distribución normal de probabilidad, la famosa campana de Gauss, esa de la que le han dado una tabla en el examen de la EvAU…

Pero ¿cómo es que podemos hablar de probabilidades? Cada año, la nota de corte es la que es ¡no hay ninguna “distribución de probabilidades”! Es cierto, pero no subestimemos el ingenio de los matemáticos. Podemos dar un giro a nuestra manera de ver el asunto.

Supongamos que nuestro mundo es sólo uno de los muchos mundos posibles. Supongamos que en cada mundo hay una nota de corte, que están distribuidas según una distribución normal (porque ¿de qué otra manera iban a estarlo?), y que la bonita variación lineal que hemos llamado “ajuste” es el promedio de las notas de corte en todos los mundos posibles. Entonces, las notas de corte que hemos observado de hecho en nuestro mundo (los puntos de la gráfica) se desviarán de esa recta como cabe esperar que se desvíen de la media las muestras extraídas de una distribución normal.

Lo interesante es que esta idea nos permite averiguar cómo es esa distribución: como le han explicado a Diego en el bachillerato, una distribución normal  tiene una anchura dada por el parámetro σ (sigma: la desviación típica), de modo que el 68% de los valores está comprendido en un intervalo de ± σ en torno a la media. Así que podemos saber la σ de la distribución de notas (en todos los mundos posibles) trazando el intervalo en torno a la línea de medias (la recta de ajuste) que contiene el 68% de las observaciones, es decir, 4 de 6. Aquí está:

AjusteConIntervalo

En la banda definida por las dos líneas grises hay cuatro datos: el 68% de los 6 que tenemos. La anchura de esa banda es pues  σ, y sólo tenemos que ver a cuánta distancia está Diego de la línea de ajuste, medida en unidades de σ. Se ve en la gráfica que está a un poco más de una sigma; si lo medimos bien, resulta ser 1,37 sigmas. Y ahora, con una tabla como la del examen de la EvAU, podemos ver que la probabilidad de que un valor esté a una distancia de la media menor o igual que 1,37·σ es del 91%.  Eso significa que en el 91% de los universos posibles, el valor de la nota de corte en 2018 está por debajo de la de Diego: puede respirar tranquilo.

O para ser precisos, un 91% tranquilo…

*

Nota: Los lectores con buena vista habrán observado que las dos líneas grises no son exactamente paralelas, sino que se abren al alejarnos del centro de la gráfica. Y los lectores expertos en estadística sabrán por qué. Pero el post es demasiado largo ya para explicarlo, y lo mejor del asunto es que ese tecnicismo no tiene mucha importancia en realidad…

Hawking: lejos de Einstein, cerca del pueblo

Me permito copiar el magnífico titular de Mario Viciosa en su artículo de El Independiente, porque es el mejor resumen que he encontrado en la prensa sobre Stephen Hawking, que como todo el mundo sabe, ha fallecido hoy 14 de marzo, precisamente el día de pi.

Mario me pidió mi opinión sobre Hawking, y la resumió así en el artículo:

Hawking no estaría en el primer nivel, con Newton, Einstein, Galileo o Faraday, entre otras figuras clave. “Estaría en un cuarto nivel, alguien que hizo unos descubrimientos brillantes en un campo concreto donde quizá marcó un punto de inflexión. Lo que ha publicado desde los años setenta ha sido bastante especulativo y no ha tenido confirmación”, por eso no le han dado el Nobel, aunque sí el Wolf o la Medalla Copley. Está lejos de “ser un Einstein”, pero revitalizó su Relatividad general

Leyéndolo, veo que necesitaría alguna aclaración eso del “cuarto nivel”. Estaba aludiendo, implícitamente, a la Escala de Landau, con la que el genial físico soviético clasificaba a sus colegas. En el nivel más alto brillaban Newton y Einstein; en el segundo (el “nivel 1” para Landau, que empezaba a contar por el cero) estaban Bohr, Dirac, Schrödinger… . Un piso más abajo se colocaba Landau a sí mismo. Y en el piso inmediatamente inferior, el cuarto nivel para mí, es donde situaba yo a Hawking.

Un par de enlaces (en inglés) para quien quiera aprender algo, en vez de aturdirse con el habitual ruido mediático:

  • Hawking es una celebridad, pero ¿qué opinan los físicos sobre él? Respuestas interesantes en Quora. Coincido con la primera opinión, la más votada.
  • Una nota necrológica magistral de un viejo colega suyo: nada menos que el gran Roger Penrose.

Mapas en la Biblioteca Nacional

Sólo queda una semana para que cierre en Madrid una exposición extraordinaria: Cartografías de lo desconocidoen la Biblioteca Nacional. Esta mañana he estado allí y he podido contemplar esto:

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¿Ven ese dibujo de la izquierda?¿Les suena? Aquí tienen lo que nos dicen en la exposición:

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(Por si todavía alguien pensaba que en la Edad Media creían en una Tierra plana). Pero en la exposición hay mucho más que mapas. También me emocionado al encontrar esto:

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¡El Misterium Cosmographicum de Kepler! (1596). Y esto otro:

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El libro en el que nuestros heroicos (y, ay, desconocidos) Ulloa y Jorge Juan cuentan su expedición al Perú para medir el tamaño y forma de la Tierra.

La exposición es un muestrario excepcional de los fondos cartográficos de la Biblioteca Nacional. Realmente bonita de ver, incluso para los que no sean aficionados a los mapas… y además gratis.

Contando manifestantes (o la posverdad numérica)

Desde que el Diccionario Oxford la proclamó como “palabra del año” y The Economist le dedicó una portada, no hay día que no oigamos hablar de la posverdad.

Y lo cierto es que necesitábamos la palabra, que no es sinónimo de “mentira”, como dicen algunos críticos de oído poco fino. Posverdad no se refiere a tal o cual noticia falsa, sino a un estado de ánimo: la actitud de quien valora, por encima de la verdad fáctica de las cosas, su particular “verdad” sentimental. Eso tan cursi de “mi verdad”, que hace años sonaba a parla de folclóricas, y que hace aún más años hizo decir certeramente a don Antonio Machado:

¿Tu verdad?  No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

La posverdad está hoy por todas partes, y no se detiene ni ante las matemáticas. El President de la Generalitat y el Delegado del Gobierno en Cataluña seguramente coincidirán en que una mano tiene cinco dedos, pero si esa elemental operación de contar la extienden a los manifestantes de la Diada, sus resultados pueden diferir en un orden de magnitud.

Lo más grave es que a nadie parece importarle. Las partes esgrimen sus verdades, los medios las publicitan, y nosotros nos quedamos con la que más nos gusta. Aunque en general, el número que prevalece es al más abultado. Toda manifestación que se precie alcanzará el millón de asistentes, según sus convocantes. Ese es un número que les encanta a los medios (sensacionalismo en acción) y que, repetido una y otra vez, se convierte en canónico, y acaba siendo admitido sin discusión, como algo “que todo el mundo sabe”.

¿Es que es imposible contar manifestantes? Contarlos, quizá, sí; al menos, sin helicópteros, cámaras,  y herramientas de análisis de imagen. Pero ¿quién necesita contarlos? Basta estimarlos con una aproximación razonable, y eso es facilísimo: el número de manifestantes es, en primera aproximación, el número de metros cuadrados que ocupó la manifestación. Y ni siquiera es necesario medir el área con precisión, ya que la estimación de un manifestante por metro cuadrado tampoco es demasiado precisa…

Naturalmente, quien no sabe de números enseguida criticará este desprecio por la precisión, pero se equivoca. La idea importante es que, por burdo que sea el cálculo, es una estimación razonable e imparcial del orden de magnitud: no nos podrá decir si había 82.000 o 97.000 manifestantes, pero sí que no había diez mil ni un millón, digan lo que digan los convocantes.

Para estimar el área de una manifestación basta enviar a cuatro o cinco periodistas que inspeccionen hasta dónde llega la gente, y luego mirarlo en Google Maps. Un periódico que hiciera esto en cada protesta multitudinaria prestaría un impagable servicio a la democracia. Sospecho que si no se hace no es tanto por pereza como por analfabetismo numérico.  La idea de que casi nunca necesitamos una medida exacta, sino una estimación razonable, y que esa estimación puede ser muy fácil de obtener, no forma parte de nuestra cultura. Nadie nos lo enseña en el colegio; al contrario, salimos con la idea de que las matemáticas son cuentas (primer error) y que las cuentas sólo valen si son exactas (segundo error).

Y como no podemos conocer la verdad absoluta (el número exacto de asistentes), nos tragamos impávidos la posverdad, teniendo a nuestro alcance una verdad aproximada… que es la única que necesitamos.

*

NOTA: Este artículo está inspirado por este otro, de Álex Grijelmo: Nunca hubo un millón. Les recomiendo encarecidamente su lectura. A ver si entre todos vamos desmontando el mito del millón de manifestantes (sea cual sea la convocatoria…).

Cómo tener una universidad tan buena como la holandesa

El Mundo dedica hoy un extenso artículo a las universidades holandesas. Lo titula así: “El ‘pleno al 13’ de Holanda: así coloca todas sus universidades entre las mejores del mundo”.

¿Y por qué son tan buenas las universidades holandesas? Leo nada más empezar que es “un sistema que se ha deshecho hace tiempo de la teoría para pasar a la práctica” , y me quedo un poco perplejo. Pero unas líneas más abajo doy con la clave:

Este país tiene claro que la Educación es un pilar fundamental, por eso le destina anualmente el 5,9% del presupuesto general, frente al 5% que le dedica España, un Estado con el triple de población.

Parece ser que la periodista sugiere que, como nuestra población es triple, deberíamos dedicar un porcentaje triple. De donde se deduce que los Estados Unidos, cuya población es 17 veces mayor que la de Holanda, debería dedicar a la Educación un porcentaje de 5,9*17=100%.

¡Menos mal que tenemos periodistas que saben cómo arreglar la educación en España!

Receta para fotografiar una Superluna, cualquier día del año

Decíamos ayer que la “superluna” sólo es ligeramente más grande que la Luna normal de todas las noches, pero ¿cómo medimos su tamaño aparente? Desde luego no en centímetros…

Recuerdo, de pequeño, oír decir a mi padre que “la Luna es como un queso”. Se refería a su tamaño, y siendo yo mayor, recuerdo también quererle convencer de que eso no tiene sentido: un queso parece más grande o más pequeño según lo veamos más cerca o más lejos (sin embargo, parece que es una tradición campesina decir que ese es el tamaño de la Luna). De hecho, para que un queso de 20 cm de diámetro pareciera “igual de grande que la Luna” tendríamos que verlo desde unos 23 metros: a esa distancia, el ángulo que determina el queso con nuestro ojo es el mismo que la Luna; aproximadamente, medio grado.

En efecto, la única manera que tiene sentido de medir el tamaño aparente de la Luna es como un ángulo. Es un ángulo, por cierto, bastante pequeño: como el arco completo del cielo tiene 360º, cabrían 720 lunas llenas puestas una al lado de la otra; o 720 soles porque, casualmente (como se ve de manera espectacular en los eclipses de Sol) el tamaño angular de la Luna y el Sol es el mismo.

Unos prismáticos, o un teleobjetivo, aumentan el tamaño angular con el que vemos los objetos, y por eso parecen estar más cerca. Y esa es la manera también de obtener fotos como ésta:

superlunacompostela

Vemos la Luna enorme no porque sea enorme sino porque hemos usado un potente teleobjetivo. Pero, ¿por qué no vemos la catedral enorme? En realidad sí la vemos: el truco está en que la foto está hecha desde muy lejos.

*

Lo más interesante es que podemos calcular desde qué distancia está hecha la foto. Sólo necesitamos saber el tamaño real del objeto, en este caso, la distancia entre las dos agujas de la Catedral de Santiago de Compostela. Lo buscamos en Google Maps y, usando la utilidad de medir distancias, encontramos que son 33 metros. Y ahora razonamos de la siguiente manera:

  1. El tamaño angular de la Luna (¡y el de la superluna!) es, redondeando, de medio grado.
  2. El diámetro en píxeles de la Luna de la foto es de 196.
  3. Entre las agujas de la catedral hay 295 píxeles.
  4. Si 196 píxeles son medio grado, una regla de tres nos dice que 295 son 0.75 grados
  5. Sólo falta calcular a qué distancia hay que ponerse para que los 33 metros de distancia entre las agujas de la catedral se vean como 0.75 grados.

Este último problema es trivial si conocemos el concepto de radián (lo conté en este post), pero tampoco es necesario. Basta darse cuenta de que si un círculo centrado en nosotros y con radio r tiene una longitud  2 \pi r, la longitud que corresponde a un ángulo que en vez de 360º sea sólo de \alpha es L = 2 \pi r \frac{\alpha}{360} . Y por tanto, la distancia r a la que hay que situarse para que una longitud L abarque \alpha grados es

r=\frac{L 360}{2 \pi \alpha} .

Con nuestros datos (\alpha = 0.75, \, L=33 \, m) obtenemos que r=2520 m: ¡el fotógrafo estaba situado a 2 kilómetros y medio!

En resumen: si quiere sacar fotos en las que se vea una Luna enorme contra la Catedral de Santiago de Compostela, la Acrópolis o la Torre Eiffel, la receta es: cómprese un teleobjetivo muy potente y váyase a un par de kilómetros o tres del monumento en cuestión. Y no espere a que sea el día de la Superluna: lo más que va a conseguir es que el diámetro sea un 9% mayor que en un día normal.

*

Ejercicio 1 (matemático): Ahora seguro que puede usted calcular a qué distancia se ha tomado esta foto:

superlunaplazaespana

Pista: estamos hablando de órdenes de magnitud, así que aunque Google Maps no nos diga el tamaño de esos balcones y ventanas (que, por cierto, son los de la Torre de Madrid) podemos tomar la figura humana como referencia de tamaños. Las distancias en píxeles se obtienen abriendo la foto con cualquier editor (hasta el Paint de windows vale). Ah, y para que se animen a hacer la cuenta: a mí me salen unos 2 km.

Ejercicio 2 (filosófico): Para pensar: ¿qué nos dice el caso de la Superluna y sus superfotos sobre los medios de comunicación, la visión del mundo que podemos sacar de ellos, la comunicación de la ciencia, la ética periodística y otras grandes palabras similares?