Categoría: Ciencia para pensar mejor

Población y poblaciones (¡Peligro: porcentajes!)

¿Qué porcentaje de las noticias de los medios consiste en dar un porcentaje? Es una interesante pregunta recursiva, que no sería difícil de contestar con un poco de trabajo de campo. Yo no lo he intentado, pero sí he hecho una pequeña cata en Google Noticias, y he encontrado 15.1 millones de resultados para “porcentaje” y 28.6 millones para “por ciento”. Si comparamos con 19.4 millones para “corrupción”, 18.9 para “crimen” o 95.2 para “guerra”, vemos que los porcentajes se codean con algunos de los temas más tratados por los medios (aunque por supuesto no tienen nada que hacer frente a “fútbol”: 480 millones de resultados).

Ahora bien, la pregunta importante sería, ¿qué porcentaje de esas noticias sobre porcentajes es correcto? Aquí habría que hacer mucho más trabajo para estimarlo, pero me atrevo a apostar que no es muy grande. Rara es la noticia que mencione un porcentaje que, de un modo u otro, no tenga algún error.

PeligroPorcentajes

Por ejemplo, aquí tienen dos noticias recientes reseñadas en Malaprensa: La recuperación reduce un 500% las quiebras empresariales en Baleares y El 93 por ciento de los españoles quiere abolir el cambio de hora. La primera es un disparate bastante obvio, en la segunda el fallo es más sutil… pero también está mal.

Aquí les traigo otra:

La Tierra ha perdido el 60% de sus animales salvajes en 44 años

EL titular es del ABC, pero podría haberlo tomado de muchos otros medios: La Verdad titula exactamente igual, El Confidencial dice que Los humanos hemos arrasado el 60% de la vida animal en sólo 40 años, Computer Hoy (que no sé por qué informa de estas cosas) afirma que La población de vida silvestre ha disminuido un 60% desde 1970…y así podríamos poner muchos más ejemplos (¡incluso de años anteriores!: en 2016, El País informaba de que Más de la mitad de las poblaciones de vertebrados han desaparecido en 40 años).

Pero en realidad, el informe del WWF que es la fuente de la noticia, no dice eso: lo que ocurre es que la inmensa mayoría de los periodistas no lo han entendido bien. Un titular mucho más ajustado a la realidad es el de  La Vanguardia, que dice que Las poblaciones de vertebrados se han reducido un 60% en 40 años por el descontrolado consumo humano, según lamenta WWF.

¿No es lo mismo? No. En primer lugar se trata de vertebrados, no de la vida silvestre, ni de los animales (la vida silvestre incluye las plantas, y la inmensa mayoría de los animales son invertebrados).

Pero lo que más nos interesa aquí es algo más sutil. Cuando el WWF habla de “poblaciones de vertebrados”, está usando un término técnico, de manera que, curiosamente, decir que “las poblaciones han disminuido en un 60%” no es lo mismo que decir que “la población ha disminuido en un 60%”.

Lo explican muy bien en un artículo de The Atlantic, titulado “Wait, Have We Really Wiped Out 60 Percent of Animals?”, del que traduzco:

Para comprender la diferencia, imagina que tienes tres poblaciones: 5.000 leones, 500 tigres y 50 osos. Cuatro décadas después, tienes sólo 4.500 leones, 100 tigres y sólo 5 osos (¡vaya por Dios!). Estas tres poblaciones han disminuido en un 10 por ciento, 80 por ciento y 90 por ciento, respectivamente, lo que significa que la disminución promedio es del 60 por ciento. Pero el número total de animales ha pasado de 5.550 a 4.605, que es una disminución de sólo el 17 por ciento.

El decir, en este ejemplo las poblaciones han sufrido una disminución del 60% pero la población ha disminuido sólo el 17%. Y este es un problema recurrente con los tantos por ciento. Imaginen que hacemos algo similar a lo que ha hecho el WWF pero con los municipios de España en vez de con las poblaciones animales. La gran mayoría de municipios son pueblos pequeños cuya población ha declinado espectacularmente en los últimos 40 años. Así que las poblaciones (de los municipios españoles) han sufrido una gran disminución en los últimos cuarenta años, pero la población (de España) no ha disminuido, sino que ha aumentado, gracias al crecimiento de las capitales de provincia y las grandes ciudades.

¿Cuál es la disminución real de la población de vertebrados? Con los datos del informe del WWF no lo podemos saber; de hecho, aproximadamente la mitad de las poblaciones estudiadas están aumentando, pero la media de los porcentajes da una importante disminución porque los porcentajes de disminución son mucho más grandes que los de aumento.

No se trata pues de minimizar el problema: es realmente grave, y está bien que se informe sobre ello. Pero no costaría tanto contar la historia bien: el propio informe del WWF advierte explícitamente que “no es un censo de toda la vida salvaje, sino un informe sobre cómo han cambiado de tamaño sus poblaciones”.

Moraleja: Cuando veas un tanto por ciento, echa mano de tu sentido crítico… o si no, más vale que olvides la noticia.

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Jonathan Haidt y el sesgo de confirmación

Hoy aparece en El Mundo una entrevista con Jonathan Haidt, un prestigioso psicólogo social norteamericano. Merece la pena leerla entera (es sorprendentemente buena) pero en relación a lo que estamos estudiando en el curso Ciencia para pensar mejor hay una respuesta que quiero copiar aquí:

El auge del populismo en las democracias occidentales es el resultado de dos factores: la globalización y las redes sociales. Internet y Google fueron dos grandes regalos para el llamado confirmation bias o sesgo de confirmación. La pura reafirmación de nuestros prejuicios. Eso ocurrió a finales de los años 90. Luego llegaron Facebook y el iPhone, que extendió masivamente el uso de las redes sociales.

Desde 2012, cientos de millones de personas están conectadas a través de dispositivos que favorecen la comunicación pero también la más ácida polarización. Las redes se han convertido en una de las más poderosas fuerzas de centrifugación social. En ellas conviven, por decirlo de alguna manera, auténticos guetos morales en los que la verdad es estrictamente irrelevante. Las creencias más exóticas se propagan como el fuego. Y cualquiera que las cuestione es sometido a un linchamiento, como mínimo, virtual.

Así, el procedimiento que nos convierte en seres racionales e inteligentes -una persona hace una afirmación; otra la refuta; llegamos a una conclusión- se está viendo sustituido por el grito de la tribu. Esto es una pésima noticia para la inteligencia colectiva, claro. Y también un peligro para la democracia.

Más sobre el peligro del sesgo de confirmación en las redes sociales en este vídeo corto (recomiendo poner los subtítulos):

Malas noticias

No, no voy a hablar del cambio climático o de la guerra de Siria. Me refiero a noticias que son malas en otro sentido: engañosas, chapuceras, ineptas… El tipo de noticias que el blog Malaprensa (que realiza un impagable servicio público) viene analizando desde hace años.

Una de las razones que me motivó a crear el Curso de Humanidades “Ciencia para pensar mejor”, que acaba de comenzar su tercera edición, es encontrarme una y otra vez con este tipo de malas noticias. Lejos de remitir, la chapuza parece extenderse cada vez más, no ya en los dominios sin ley de twitter, sino muy a menudo en la prensa supuestamente seria. Por eso es más necesario que nunca estar en guardia y tener las herramientas intelectuales para no picar en el anzuelo. Ese es uno de los objetivos del curso.

Un ejemplo, de hace cuatro días. Leo en la página de portada de El Mundo este titular:

ElMundo1.PNG

¡Qué barbaridad! Pero ¿qué nos encontramos en el cuerpo de la noticia? Ahora el titular es distinto:

ElMundo1b

Y he aquí unos párrafos seleccionados:

ElMundo2

Así que lo que ha ocurrido realmente es que una web (que no hay manera de encontrar con los datos del artículo) ha recabado testimonios sobre el acoso en arqueología, y el 50% de las participantes voluntarias dicen haber sufrido acoso. ¿Es una muestra representativa? Yo diría que no… Y si la muestra no es representativa, la encuesta no sirve para nada.

¿Cuál es el problema? Que si hacemos un titular ajustado a la verdad nadie va a picar (quiero decir, a hacer click). En realidad, no hay noticia: podríamos hablar, quizá, de una no-noticia, que es uno de los géneros de las malas noticias.

Pero una vez lanzada la no-noticia, da mucho juego: además de los clicks en la web de El Mundo (que se traducen en dinero de publicidad), está el sinfín de comentarios al final de la página, con los que los lectores se desahogan lanzándose improperios, la tormenta que se desata en twitter, la opinión de algún tertuliano en la TV…. etc: ruido, que es de lo que se trata.

Esto es un ejemplo, escogido casi al azar. Seguro que ustedes pueden encontrar muchos más. Es un buen ejercicio para empezar a entender nuestro ecosistema informativo.