Categoría: Curso de humanidades

Galileo y las montañas de la Luna

Es probable que los seguidores de este blog no se hayan dado cuenta, pero Las ideas de la ciencia, el curso de humanidades de la Carlos III en el que tuvo origen De Tales a Newton (el libro), está ahora impartiéndose y por eso hay mucho movimiento de comentarios en las páginas del curso.

Ayer, discutiendo los pros y los contras de los modelos modelos astronómicos de la Antigüedad, expliqué que el modelo heliocéntrico de Aristarco (que se anticipó 1800 años a Copérnico) nos resulta hoy muy atractivo, pero en su época era inverosímil físicamente. Sin embargo, tenía un punto fuerte desde el punto de vista filosófico: no tenía hipótesis ad hoc. En el modelo de epiciclos, por el contrario, la posición del Sol debía estar sincronizada de una manera peculiar con los centros de los epiciclos (en Mercurio y Venus) o con la dirección del planeta visto desde el centro del epiciclo (en Marte, Júpiter y Saturno).

PlanetaInterior

Planeta interior (Mercurio o Venus) en el modelo de epiciclos. El Sol (S) tiene que estar alineado con el centro del epiciclo (C), pero la distancia está indeterminada.

PlanetaExterior

Planeta exterior (Marte, Júpiter o Saturno) en el modelo de epiciclos. El Sol está en la dirección indicada por la flecha, paralela a la línea que va del centro del epiciclo (C) al planeta (P), a una distancia indeterminada.

Estas condiciones sobre la posición del Sol se imponían sin que hubiera ninguna razón en el modelo, más allá de que eran la única manera de ajustar las observaciones: un caso de hipótesis ad hoc.

que es esa cosa llamada ciencia

Pero para explicar lo que es una hipótesis ad hoc, el mejor ejemplo es seguramente éste, sacado del excelente libro de Alan Chalmers ¿Qué es esa cosa llamada ciencia? Un ejemplo que nos trae, además, al mejor Galileo en acción:

Después de haber observado la Luna cuidadosamente a través de su recién inventado telescopio, Galileo pudo informar que la Luna no era una esfera lisa sino que su superficie estaba llena de montañas y cráteres. Su adversario aristotélico tenía que admitir que las cosas parecían ser de ese modo cuando por sí mismo repitió las observaciones. Pero las observaciones amenazaban a una noción fundamental para muchos aristotélicos, a saber, que todos los cuerpos celestes son esferas perfectas.

El rival de Galileo defendió su teoría frente a la aparente falsación de una manera evidentemente ad hoc. Sugirió que había una sustancia invisible en la Luna que llenaba los cráteres y cubría las montañas de tal manera que la forma de la Luna era perfectamente esférica. Cuando Galileo preguntó cómo se podría detectar la presencia de la sustancia invisible, la réplica fue que no había manera de poderla detectar.

Así pues, no hay duda de que la teoría modificada no producía consecuencias comprobables y de que, para un falsacionista, era completamente inaceptable. Galileo, exasperado, fue capaz de mostrar lo inapropiado de la postura de su rival de una manera característicamente ingeniosa. Admitió que estaba dispuesto a admitir la existencia de la sustancia invisible e indetectable en la Luna, pero insistió en que dicha sustancia no estaba distribuida tal y como sugería su rival, sino que en realidad estaba apilada encima de las montañas de modo que eran varias veces más altas de lo que parecían a través del telescopio. Galileo fue capaz de superar a su rival en el inútil juego de la invención de ardides ad hoc para proteger las teorías.

El mirador y la forma de la Tierra

Hay lugares desde los que se divisa un panorama privilegiado, miradores que atraen a los turistas y que incluso se señalan en los mapas con un símbolo propio. Aquí tienen, por ejemplo, el mapa Michelin de los alrededores de Granada:

Mapa de Sierra Nevada (sacado de http://www.viamichelin.es/)

Mapa de Sierra Nevada (sacado de http://www.viamichelin.es/)

Ahí están esas rayitas azules que salen del Pico Veleta, y también de un punto unos km antes en la carretera. A veces lo que hace que la vista sea especial es el paisaje del entorno, pero más a menudo es la lejanía de los horizontes lo que nos atrae. Así, leemos en la Wikipedia sobre el mirador del Veleta que “la vastísima panorámica que ofrece es realmente impresionante (…) Si las condiciones meteorológicas acompañan puede contemplarse gran parte de la provincia de Jaén y sus sierras Mágina, Cazorla y hasta Sierra Morena (…) e incluso el Peñón de Gibraltar” Estos miradores tienen siempre una cosa en común: son lugares altos (el Pico Veleta está a 3395 m sobre el nivel del mar). Una obviedad, pensará el lector: ¡Pues claro que vemos más lejos si nos subimos más alto! No tan deprisa. ¿Realmente es obvio que desde más alto tenemos que ver más lejos? Durante casi toda la historia de la humanidad se ha pensado que la Tierra es plana: eso sí que es evidente. Y sin embargo, en una Tierra plana ¡se vería igual de lejos desde el balcón de un primer piso que desde lo alto del Pico Veleta! En realidad, “si las condiciones meteorológicas acompañan”, claro, como bien dice la Wikipedia… ¡se vería hasta el fin de la Tierra!

En una Tierra plana, nuestro campo de visión llega hasta el borde de la Tierra, independientemente de nuestra altura.

En una Tierra plana, nuestro campo de visión llega hasta el borde de la Tierra, independientemente de nuestra altura.

Se dice a menudo que una prueba de la esfericidad de la Tierra es que cuando un barco se aleja en el mar, desaparece primero el casco, luego el mástil, y al final la bandera, según se va hundiendo en el horizonte. Es cierto, pero en lo que no se suele caer es en que la cosa es más sencilla: la misma existencia del horizonte (es decir, de una línea en la que se acaba nuestro campo visual) es una demostración de que la superficie de la Tierra se curva. Y el hecho de que ese horizonte esté a la misma distancia en todas direcciones (siempre que el suelo sea plano, como pasa en al mar), demuestra que la curvatura es la misma en todas direcciones: vivimos en una esfera. Recuérdenlo cada vez que vean esas rayitas azules en los mapas de Michelin…

Las ideas de la ciencia, 2014: bienvenida

Esta semana ha comenzado una nueva edición de Las ideas de la ciencia: de Tales a Newton, el Curso de Humanidades de la Universidad Carlos III en el que está basado el libro (por antonomasia 🙂 ).

Doy la bienvenida a los alumnos a este blog y les animo a que participen (ya lo están empezando a hacer). En las semanas que dura el curso abriré una página para cada tema, que recogerá las preguntas, comentarios, observaciones, enlaces… aportados por ellos (y ellas: aprovecho para decir que en este blog seguiremos el uso convencional de que el masculino genérico designa a hombres y mujeres: que nadie vea sexismo dónde sólo hay economía del lenguaje).

Estoy seguro de que esas aportaciones, como la propia clase, serán la inspiración de nuevos posts. El próximo, muy pronto: permanezcan atentos.