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Presentación del curso “Ciencia para pensar mejor”

Creo que nadie puede discutir que el occidente del S XXI somos  la sociedad más instruida de la historia. Nunca se han pasado tantos años en el colegio. En España la enseñanza es obligatoria nada menos que hasta los 16 años, lo que supone pasar diez, los años en los que somos más receptivos y despiertos, dedicados íntegramente a aprender.

Y sin embargo, basta asomarse a la televisión para dudar de la eficacia de todos esos años de instrucción: la telebasura acapara las audiencias, y si nos refugiamos en los únicos programas en los todavía se valoran los conocimientos, los concursos, nos encontramos cosas como ésta:

O como esta otra (para que nadie piense que la ignorancia más supina de la historia sólo es un problema  español):

Podríamos multiplicar los ejemplos de analfabetismo funcional, incluso en los medios escritos (echen un vistazo al magnífico blog Malaprensa, donde se encontrarán perlas como ésta o esta otra).

Pero el problema es más grave. No se trata sólo de una simple falta de conocimientos sino de algo peor: una extendida incapacidad para pensar con un poco de rigor y sentido crítico.

Es aquí donde se revela con más crudeza el fracaso del sistema educativo, porque para lo que debería servir la enseñanza es precisamente para aprender a pensar. Sobre todo la enseñanza de las ciencias, porque a diferencia de otras materias que pueden ser más memorísticas (la historia, por ejemplo) para dominar la física y las matemáticas es imprescindible entenderlas, y para eso hay que pensar. Pero mi experiencia como profesor en la universidad es que eso es precisamente lo que no han aprendido los alumnos en la ESO y el bachillerato: no se enseña a los alumnos a pensar.

La ciencia se presenta como un conjunto de resultados, dogmáticamente, memorísticamente, en vez de insistir en que si no entiendes el porqué no sabes nada: sólo sabes un nombre, y eso no es saber nada sobre la cosa. Así lo explicó el incomparable Richard Feynman:

Por ejemplo, la Tierra es redonda, pero ¿Cómo lo sabemos?¿Y cómo sabemos que se mueve?¿Cómo me convenceríais si yo fuera un escéptico? Este tipo de preguntas las hago habitualmente en el curso “De Tales a Newton”. Impartirlo muchos años, y llevar muchos años dando clase de física en la Universidad, me ha dejado con la frustración por lo poco que se enseña a pensar y con las ganas de hacer algo para corregir este problema. Eso es lo que me ha motivado a plantear este curso.

Más en concreto, una de las motivaciones de este curso para mí es sacarle el jugo a la ciencia en este sentido: aprovechar lo que la ciencia tiene que enseñarnos en el terreno puramente de aprender a pensar. No podemos recuperar el tiempo perdido volviendo a estudiar las cosas como deberían haberse estudiado, pero sí podemos al menos aprender a utilizar mucho de lo que hemos aprendido en la clase de ciencias (por ejemplo: la notación científica o las gráficas xy) como herramientas para pensar mejor. Esta es la primera razón por la que el curso se titula así: Ciencia para pensar mejor.

Hemos dicho que se estudia mucha ciencia pero esa ciencia no suele enseñarnos a pensar. ¿Y qué pasa con los que no sólo hemos estudiado ciencia sino que nos dedicamos a ella? Los que somos científicos sí tenemos muy clara la lección de Feynman; estamos metidos en la ciencia como un proceso y un método, y generalmente sí sabemos utilizar las herramientas que nos proporciona para pensar mejor. Pero tampoco estamos a salvo. Incluso los que nos dedicamos a la ciencia como profesión y la enseñamos en la universidad podemos caer en infinidad de trampas.

De hecho, uno de los resultados más importantes de las últimas décadas en la psicología cognitiva es el descubrimiento sorprendente de que hasta los expertos cometen errores sistemáticos de razonamiento, a veces muy graves. Ahora sabemos que hay ilusiones cognitivas, igual que hay ilusiones ópticas, y ha florecido todo un campo de investigación sobre la irracionalidad humana, al que han contribuido muchos psicólogos. Quizá los que más han destacado son Daniel Kahneman  y Amos Tversky.

kahnemantversky

Tversky falleció en 1996 pero Kahneman está todavía en activo, y recibió el premio Nobel de Economía en 2002. Todo un hito, porque es psicólogo, no economista, pero es que el hecho de que la irracionalidad sea la norma y no la excepción trastoca el supuesto básico de toda la teoría económica clásica: que las personas, cuando actúan como agentes económicos, se comportan como seres racionales (que buscan maximizar el beneficio propio). Ahora ha nacido una nueva ciencia, a mitad de camino entre la psicología y la economía, que se llama “economía conductual” y busca explicar la economía teniendo en cuenta cómo se comporta realmente la gente.

De modo que la ciencia hoy nos puede enseñar mucho sobre los errores que cometemos al pensar, y por tanto ayudarnos a evitarlos. Esa es la segunda razón por el que el curso se titula Ciencia para pensar mejor.

Hay una tercera razón. Hemos hablado de lo que nos pueden aportar las herramientas de la física o las matemáticas, y los contenidos de la psicología cognitiva. Pero también podemos aprender mucho de la ciencia en otro sentido: no de tal o cual ciencia en concreto, sino de la ida de método científico en general. Lo que hace que la ciencia sea ciencia es su método, y el método científico es, en cierto modo, una técnica para pensar mejor. Así que aquí repasaremos algunas nociones básicas de filosofía de la ciencia para ver qué podemos aprender de ellas. Y esa es la tercera razón por la que el curso se titula Ciencia para pensar mejor.

En resumen, este es el planteamiento del curso:

pensarmejor

Iremos contando por aquí lo que nos dé tiempo… que desgraciadamente no será mucho.

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Ciencia para pensar mejor

Una de las razones por las que tengo abandonado el blog últimamente es que he estado preparando un nuevo curso de humanidades. A partir de este mes de septiembre, además del clásico Las Ideas de la Ciencia: de Tales a Newton (que este año pasa al primer cuatrimestre), impartiré el nuevo Ciencia para pensar mejor.

¿De qué trata? Tengan un poco de paciencia: empezamos la semana que viene, y el curso compartirá blog con De Tales a Newton: pronto habrá novedades.

Corección, 11/09/2016: ¡He vuelto del verano afásico! Se me había caído un “para” del título del post  y ni me había dado cuenta: es Ciencia para pensar mejor. Ya está corregido.