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Umberto Eco y la Tierra plana

Aquí ya lo hemos dicho más de una vez, pero no está de más insistir porque es uno de los mitos más persistentes sobre la historia de la ciencia: la Tierra nunca ha sido plana.

Bueno, maticemos: este es el titular que puso Umberto Eco a un artículo en La Repubblica. Por supuesto, el planeta Tierra fue esférico desde que se formó, y a lo que se refiere Eco es a nuestras ideas sobre él. Todavía hoy suele pensarse que en la Edad Media todos creían que la Tierra era plana, es más, que la Iglesia lo imponía como dogma de fe, y que por eso Colón tuvo dificultades para que se financiara su viaje.

umberto-eco

No es cierto. Los antiguos griegos habían establecido sin lugar a dudas que la Tierra era esférica, e incluso habían medido su tamaño. Era sobre ese tamaño sobre lo que discrepaban los expertos convocados por los reyes de Portugal y España: para muchos, la Tierra era demasiado grande para que fuera posible un viaje a las Indias por el oeste.

En la Edad Media se perdió mucho del saber clásico, pero nunca se olvidó cuál era la forma de la Tierra. La Iglesia no se opuso a que fuera una esfera, aunque algunos cristianos como Lactancio encontraran la idea absurda. Como nos recuerda Umberto Eco, en el siglo VII San Isidoro de Sevilla, daba un valor para la longitud del Ecuador… y sólo las esferas tienen Ecuador.

Con el redescubrimiento de Aristóteles en el siglo XII ninguna persona instruida podía albergar dudas de que la Tierra era esférica. Otro problema era que toda ella estuviera habitada, y se discutía por eso la existencia de los antípodas (los habitantes de las antípodas), como contamos aquí.

Ningún historiador discute esto, y lo asombroso es que el mito de la Tierra plana siga tan vigente en la cultura popular, hasta el punto de que un periódico como el ABC diga en un gran titular hace unos meses que “Umberto Eco derriba el mito medieval de la Tierra plana”. ¡Todavía esto es noticia!

Esperemos que pronto se traduzca el libro de Eco en el que habla de estas cosas (“La filosofía y sus historias. La Antigüedad y el Medievo”) y los medios nos vuelvan a recordar en España que la Tierra nunca fue plana

[Gracias a Carlos Figueroa, que me pasó el artículo del ABC]

Colón y la Tierra plana

Que la Tierra es plana es evidente: no hay más que abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor.

Ahora bien, una cosas es la evidencia de los sentidos y otra la evidencia racional. Los antiguos griegos sabían que la vista nos engaña a menudo: hay que desconfiar de sus evidencias, igual que hay que desconfiar de las evidencias sociales (“todo el mundo sabe que es así”), viscerales (“¡cómo no va a ser así! ¡estaría bueno!”) o tradicionales (“siempre nos lo han contado así”).

Hombres como Tales, Anaximandro o Pitágoras comprendieron que la única guía fiable que tenemos es la razón: así nació la filosofía, y, como un capítulo suyo, la ciencia.

Dos mil años después, Colón se enfrentó a los reyes de Portugal y España con la evidencia de la razón, intentando convencerles de que la Tierra era redonda y se podía llegar a las Indias navegando hacia el oeste. Se rieron de él: todo el mundo sabía que la Tierra era plana, ¡cómo no iba a ser así!… se sabía desde siempre.

La de Colón es una hermosa historia, una batalla heroica en la guerra que, desde que la empezaron aquellos viejos sabios griegos, lleva siglos enfrentando a la luz de la razón contra el oscurantismo. Colón es uno de sus héroes, como lo fue antes Hipatia, como lo fue después Galileo.

Colón ante los Reyes Católicos

Es una historia bonita, cierto. ¿Y cómo sabemos todo esto? Por tres clases de evidencias: porque todo el mundo sabe que es así, porque ¡cómo iba a ser de otra manera -en aquella España oscura, gobernada por la Inquisición-!, y porque desde pequeños nos lo han contado así. 😉

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Por si alguien se queda con la duda: la historieta de Colón que he contado aquí es falsa. Nadie se rio de Colón: aquello de que en su época los reyes creían que la Tierra era plana es un mito. Y que muchos autores hayan propagado ese mito para “defender” a la razón es una ironía que da que pensar.