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El experimento de Galileo, a lo grande

Seguro que usted sabe cual es el “experimento de Galileo”. Y si tiene dudas, Google se lo aclará: se trata del experimento de caída libre, en el que demostró, al dejar caer un objeto pesado y otro ligero desde la torre inclinada de Pisa, que llegan a la vez al suelo.

El problema de este experimento, probablemente el más famoso de la historia, es que no se hizo: es una leyenda. Pero como ya hemos contado aquí la verdadera historia de Galileo y la torre de Pisa, podemos ahorrarnos explicaciones, quejas y lamentaciones (sobre el penoso estado de la divulgación científica, que tan poco respeto tiene por la verdad, etc, etc) y disfrutar con el experimento, hecho por fin de verdad.

Para que la cosa funcione, y realmente un objeto pesado caiga a la vez que uno ligero, hay que eliminar la resistencia del aire. Y para que sea apreciable, ya que las cosas caen muy deprisa (20 metros en 2 segundos si no hay rozamiento), la caída tiene que ser muy grande. Pero ¿cómo conseguir hacer vacío en un volumen tan enorme?

Hay un lugar donde puede hacerse: en la cámara de vacío más grande del mundo, la que tiene la NASA en la Space Power Facility en Ohio. Con 37 metros de altura, podemos conseguir una buena caída (la mítica Torre de Pisa tiene 56 m). Allí se ha ido Brian Cox, de la BBC, y esto es lo que ha ocurrido…(está en inglés, pero se entiende muy bien lo que pasa)

Esto es hacer las cosas a lo grande.

Pero este vídeo no nos enseña sólo que Galileo tenía razón. Igual de evidente resulta que su presunto “experimento” nunca pudo realizarse: faltaba mucho para construir la Space Power Facility.

(Gracias a Víctor, que me pasó el vídeo)

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La verdadera historia de Galileo y la Torre de Pisa (II)

Lector: En el post anterior me quedé con las ganas de conocer la verdadera historia del experimento de la Torre de Pisa… Si no es verdad que Galileo hiciera un experimento decisivo dejando caer dos bolas que llegaron al suelo a la vez, ¿de dónde ha salido esa leyenda? Ya hablamos de las leyendas urbanas, pero alguien tuvo que poner en circulación ésta, ¿no?

Autor: Sabemos que  la historia se remonta a una biografía de Galileo que escribió Vincenzo Viviani. Era un discípulo suyo, pero se ha demostrado que sus escritos sobre el maestro están llenos de, por decirlo suavemente, inexactitudes. Como los historiadores no se fían de él, han rastreado por los papeles originales de Galileo referencias a este asunto y no han encontrado nada.

L.: Pero eso tampoco demuestra que no se hiciera el experimento.

A.: Efectivamente: no hay que confundir la inexistencia de pruebas con la prueba de la inexistencia, como  algún lógico dijo… Pero es inverosímil que no se conserve ninguna referencia contemporánea, ni siquiera de alumnos o colegas, a una experiencia supuestamente tan decisiva (a menudo se cuenta la historia como si Galileo hubiera derivado la ley de la caída libre a partir de esos presuntos experimentos). Y pocos personajes históricos han sido investigados tan exhaustivamente como Galileo.

L.: ¿Entonces hay unanimidad entre los historiadores serios?

A.: Para decir toda la verdad, hay uno, Stillman Drake, que sí cree que la historia pudo ocurrir, aunque también él niega que fuera un experimento decisivo o que tuviera influencia en las ideas de Galileo. Lo que dice es que pudo ser una demostración para sus alumnos, y, como no la dio mayor importancia, no la dejó registrada en ningún sitio. En cualquier caso, la postura de Drake es muy minoritaria entre los historiadores: la mayoría creen que no hubo ni siquiera tal demostración.

L.: Veo que el tema se ha estudiado mucho… es curioso no se cuente nada de esto en los libros.

A.: Bueno, no se cuenta en la mayoría de los libros de divulgación, pero sí se cuenta en todos los libros serios de historia de la ciencia… y en uno que además es muy ameno, y…

L.: No me diga el título que me lo imagino 🙂 Pero no se haga publicidad, hombre. Yo lo que quería era preguntarle una duda que me ha surgido. Me parece muy extraño que  si esta cuestión de la caída libre era tan importante para el aristotelismo como se cuenta, nadie hubiera hecho antes el experimento de dejar caer dos cuerpos desde una torre y ver qué pasa, ¿no?

A.: Es que sí se había hecho antes de Galileo, y repetidas veces. Está bien documentado que ya en el siglo VI d. de C. lo hizo Juan Filopón de Alejandría, y dejó escrito que “si se dejan caer dos cuerpos, uno pesado y otro ligero, la diferencia de sus tiempos de caída es mucho menor que la diferencia de sus pesos”. Por su parte, Simon Stevin, un científico e ingeniero flamenco algo mayor que Galileo, dejó caer varios pesos desde lo alto de una torre, a cuyo pie había colocado una plancha metálica. Encontró que al soltar simultáneamente dos bolas, una diez veces más pesada que la otra, desde 30 pies de altura, el intervalo de tiempo entre los dos impactos era casi inapreciable. Stevin señaló incluso que este resultado era incompatible con la teoría de Aristóteles, pero no tenía una explicación alternativa.

Así que Galileo no tenía necesidad de hacer el experimento, porque sabía de sobra lo que iba a salir. Más tarde, un científico jesuita, Giovanni Battista Riccioli, volvió a hacer en 1644 el experimento desde una torre de Bolonia… Vamos, que era un clásico. Pero lo más curioso de todo es que el experimento se realizó incluso desde la Torre inclinada de Pisa, y en vida de Galileo, en 1612.

L.: ¿Pero no quedamos en que no se hizo?

A.: Es que no fue Galileo quién lo hizo. Por entonces ya no trabajaba en la universidad de Pisa (se había trasladado a Florencia). Lo hizo un profesor llamado Giorgio Coresio. Y, sorprendentemente, según su análisis los resultados respaldaban a Aristóteles, pues los cuerpos pesados llegaban en realidad un poco antes al suelo.

L.: ¡Pues sí que fue “decisivo” el experimento…! ¿Cómo es posible que se hubiera hecho tantas veces y siguieran creyendo a Aristóteles? Y ese Coresio, ¿cómo podía sacar esa conclusión?

A.: Pues esa es una buena pregunta: para mí es aquí precisamente donde el tema se pone interesante. Porque cuando se cuenta la historia del (presunto) experimento de la Torre de Pisa siempre se saca la moraleja de que la ciencia se basa en los experimentos, y que un único experimento decisivo puede echar por tierra una teoría que tenía casi dos mil años de antigüedad. Pero dado que esa historia es falsa, deberíamos tener más cuidado con las moralejas… Y la historia verdadera nos lleva, en todo caso, a la moraleja contraria: que un experimento se puede interpretar de maneras opuestas. Para Coresio, el resultado respaldaba a Aristóteles, mientras que para Galileo, lo desmentía. En realidad, un experimento por sí solo no sirve de nada: es una pieza en el engranaje del método científico, un instrumento que sólo funciona si se sabe utilizar. Y para poder utilizarlo tiene que estar enmarcado en una teoría… pero esto nos llevaría muy lejos, y hoy ya no tenemos tiempo.

L.: Vaya, hombre… pues yo también pensaba que esto se estaba poniendo interesante.

A.: Que conste que lo cuento en el libro…

L.: Y dale con la publicidad 🙂

La verdadera historia de Galileo y la Torre de Pisa (I)

Entre los siete mitos sobre Galileo que recogíamos en el post anterior, quizá ninguno más contundente que el primero: “Galileo subió a la Torre de Pisa para dejar caer dos objetos, demostrando que llegaban al suelo a la vez con independencia de su peso”.

galileo-pisa

Contundente, además, porque suele presentarse así:

“Fue en Pisa donde Galileo hizo uno de sus experimentos más famosos, dejando caer desde lo alto de la Torre, al paso de un cortejo de profesores, una bola de piedra grande y otra más pequeña, para demostrar que la grande no caía más deprisa”

La cita está sacada del libro de J.-P. Maury, “Galileo, el mensajero de las estrellas”, y no implica que las bolas dieran en la cabeza a esos pobres profesores, pero poco falta: sin duda, sus ideas aristotélicas fueron literalmente aplastadas en un instante por la caída al unísono de esas dos bolas de piedra…

A pesar de que la historia es apócrifa, hay docenas de libros que la relatan, y…

Lector: Perdón…

Autor: Adelante, adelante, ¿qué quería preguntar?

L.: “Apócrifa” significa “falsa”, ¿no?

A.: No exactamente pero casi: significa que no aparece en ninguna fuente fiable.

L.: ¿Y entonces de dónde ha salido esa historia?

A.: Pues más o menos de dónde salen todas las leyendas urbanas, que también las hay en ciencia. La cuenta por primera vez alguien poco fiable; puede que sea un invento de principio a fin, o puede que tenga un remoto resto de verdad, pero el caso es que la historia tiene gancho, que resuena con lo que la gente quiere creer. A los que la escuchan les gusta y se la cuentan a otros, que a su vez se la cuentan a otros… Es una especie de reacción en cadena. En cada etapa nadie se molesta en comprobar la veracidad del relato, porque es una historia bonita que tiene gancho…

L.: … “y resuena con lo que la gente quiere creer”.

A.: Eso es. Al cabo de unas pocas “generaciones” de este proceso de transmisión, el rumor ha llegado a todo el mundo.

L.: Vamos, que es como la propagación de una epidemia.

A.: Sí, pero con la diferencia de que nadie piensa que una enfermedad es buena porque la tenga todo el mundo… mientras que con una opinión es al contrario: a nadie se le ocurre ya dudar de ella, porque… ¡todo el mundo lo sabe!¡cómo va a ser mentira! Superado un cierto umbral, los rumores se autoconfirman.

L.: Pero algún mecanismo de inmunidad tendremos contra esta clase de epidemias…

A.: A nivel individual cada uno tiene su sentido crítico, pero para la sociedad como un todo (para el cuerpo social, podríamos decir) el equivalente de los leucocitos son, en casos como éste, los historiadores.

L.: ¿Y qué dicen los historiadores sobre “el caso de la Torre de Pisa”?¿Cuál fue la verdadera historia?

A.: Bueno, ahora tengo un poco de prisa… si le parece lo dejamos para el próximo post.

*

Postdata: Recientemente he tenido el placer de dar dos conferencias sobre “La verdadera historia de la Torre de Pisa”, una en el Colegio Mayor Fernando Abril Martorell, de la Universidad Carlos III, y otra en el Colegio Diocesano de Ávila (del que soy orgulloso exalumno…) En este post y el siguiente cuento el planteamiento de esas conferencias: por qué hay una historia falsa y por dónde van los tiros de la historia verdadera.