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Historia de la ciencia: ¿es posible ser pop sin ser whig?

No es frecuente tener una hora entera libre para ver una charla sobre historia de la ciencia, pero tal circunstancia es quizá un poco menos improbable en vacaciones… Así que les dejo para el mes de agosto el vídeo de la conferencia que di hace ya seis meses en la Universidad de Navarra: Historia de la ciencia: ¿es posible ser pop sin ser whig?

¿Qué significan esas palabrejas? Bueno, si ven el vídeo lo entenderán…

¡Felices vacaciones!

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Explicar el mundo

Había una vez un físico al que su trabajo científico y docente le llevó a interesarse cada vez más por la historia de la ciencia. Se dio cuenta de que la ciencia no es en absoluto una manera natural de mirar al mundo, y pensó que para entenderla de verdad tenía que profundizar en su etapa de formación: ¿cómo hemos llegado a ver el mundo con los ojos de la ciencia? Se ofreció en la universidad a dar un curso de historia de la ciencia para no científicos, desde su remoto nacimiento en Grecia, con Tales de Mileto, hasta su mayoría de edad con Newton. Y después de unos años de impartir el curso, lo convirtió en un libro, que se llamó…

No: ¡no se llamó De Tales a Newton! 😉

No soy tan narcisista como para escribir así sobre mí. Estoy hablando de Steven Weinberg y To explain the world, su último libro, que pronto aparecerá en español.

Si preguntáramos a la gente de la calle por el físico más importante en activo (no valen Newton ni Einstein) es casi seguro que, en el caso de que nos pudieran responder, mencionaran a Stephen Hawking. Pero si hiciéramos esta pregunta a un físico, un nombre mucho más probable sería Steven Weinberg. No porque Weinberg tenga el premio Nobel de física y Hawking no (al fin y al cabo, hay muchos Nobel de física: cada año conceden entre uno y tres) sino porque sus contribuciones son mucho más importantes.

Weinberg fue el principal artífice de la unificación del electromagnetismo y la interacción débil: demostró que la luz de una bombilla y la extraña fuerza que desintegra los núcleos radiactivos son aspectos diferentes de un mismo fenómeno. Esta unificación fue la clave para construir el Modelo Estándar, el modesto nombre con el que los físicos designamos la teoría más completa de que disponemos sobre las fuerzas y las partículas.

Pero Weinberg es, además, un extraordinario divulgador científico, una vez más muy superior, en mi opinión, a Hawking. Si usted ha leído Historia del tiempo, es probable que haya sentido un vago vértigo cosmológico, pero desengáñese: no habrá aprendido mucho en realidad. El libro fue un best seller, pero contiene, sobre todo, metáforas y especulaciones. Por el contrario, Los tres primeros minutos (el título en español añade, innecesariamente, “del universo”) es una obra maestra de la que el lector sale más sabio de lo que entró. Igual que El sueño de una teoría final, un libro que Weinberg escribió para apoyar la construcción del Supercolisionador Superconductor (que, proyectado como el mayor acelerador de partículas del mundo, fue cancelado por el Congreso de los EEUU en 1993), pero que su talento convierte en algo mucho más valioso.

Hace cosa de un mes descubrí, en la librería Pasajes de Madrid, un libro nuevo de Weinberg. Y mi interés se convirtió en pasmo al ver su planteamiento: explicar qué es la ciencia a través de la evolución de la física y la astronomía desde Tales hasta Newton. ¡Justo lo que yo he intentado hacer en mi libro!

De momento, haberme anticipado a alguien como Weinberg me llena de orgullo. En cuanto acabe de leer su libro, prometo contarles si puedo seguir satisfecho del mío…

Por qué no interesa la historia de la ciencia

Un pequeño trabajo de campo por las librerías nos muestra enseguida algunos hechos básicos:

  1. Los anaqueles están inundados de libros de historia. Yo entiendo poco, pero me parece que hay muchos libros buenos.
  2. De ciencia también hay bastantes libros; menos, ciertamente, y me parece que no tan buenos (quizá porque entiendo más).
  3. Y luego está la intersección: la historia de la ciencia. Aquí normalmente no hay nada.

Por qué tendrían que tener estos dos conjuntos intersección nula no es evidente: al fin y al cabo, abundan los libros de historia de la filosofía, y no digamos los de historia del arte…

¿Por qué no interesa la historia de la ciencia? Sospecho que hay dos razones. Una es que los aficionados a la historia se consideran “de letras”. Posiblemente no les gustaron las ciencias en el colegio, las miran con un poco de aprensión (“no son lo mío”) y no las ven como parte del mundo de la cultura, que es el que les interesa. Mientras que “los de ciencias” son a veces su imagen especular: les aburrieron las letras en el colegio, la historia les parece una sucesión de hechos caducos y creen que es la ciencia la que les enseña cómo funciona de verdad el mundo.

Los amantes de la historia y los de las ciencias viven así en mundos separados, se dan mutuamente la espalda.

Pero hay una segunda razón: seguimos disfrutando de la pintura de Velázquez o de la música de Bach, pero ¿qué nos aportan la astronomía de Kepler o la óptica de Newton? Lo que tenían de correcto y útil ya ha sido incorporado en las teorías actuales; su interés parece, como mucho arqueológico. Por eso, en todas las facultades de Filosofía o Bellas Artes se estudia la historia de sus disciplinas, pero es excepcional encontrar una asignatura de historia en una carrera de ciencias.

Este desinterés es un error, y surge de un error más básico: una concepción equivocada de lo que es la ciencia. Suele verse como un repertorio de verdades inequívocamente probadas (“científicamente probado”, dicen siempre en los anuncios). Si es así, las viejas teorías que han sido superadas no son más que antiguos errores que donde mejor están es en la basura.

Pero la ciencia no es un catálogo de hechos ciertos ni un vademécum de resultados. La ciencia es un método: un proceso, una dinámica, una manera de acercarse a la realidad. Y si es un proceso, nada nos puede enseñar más sobre ciencia que el conocer y comprender cómo ha sido ese proceso: es decir, su historia.

Lector: ¿De eso trata “De Tales a Newton”?

Autor: Sí. De eso y de más cosas.